CLAUDIO FANTINI
Fue un escena desopilante y macabra. Hombres de blanco abrían el féretro con movimientos marciales y Hugo Chávez relataba el momento absurdo en que desnudaba ante los ojos del mundo el esqueleto de Bolívar.
La explicación más racional es que el presidente venezolano buscó tapar con los huesos del prócer la inflación estratosférica, la corrupción monumental y la ineptitud que hizo perder toneladas de comida subsidiada. Eso es más lógico que la pretensión de probar que el Libertador fue asesinado por una oligarquía a la que Chávez describe en los mismos términos que a sus actuales enemigos.
Tal vez no murió por la tuberculosis que lo afectó desde niño, como dijo Reverend, su médico francés; ni por el paludismo del que habló el doctor Nigth, uno de los médicos ingleses de Bolívar. Quizá fue el arsénico, como señalaron algunos infectólogos de la Universidad John Hopkins. Pero esas mismas voces aclararon que, en esa época, el arsénico se usaba para muchos malestares, incluidas las migrañas como las que padecía Bolívar, por lo que pudo haber sobredosis sin que haya habido crimen.
En rigor, para descartar las teorías conspirativas, Chávez pudo guiarse por la literatura. Álvaro Mutis murió antes de terminar la novela "El último rostro", en la que relataba el final de Bolívar. García Márquez decidió continuar ese trabajo y escribió "El general en su laberinto". Para hacerlo, se encerró a investigar, entrevistando a historiadores y descendientes del prócer. Y su novela lo muestra en el camino del exilio, escuálido, con fiebres que lo hacían delirar y brutales accesos de tos sanguinolenta. El libro describe un cuerpo que se extinguió en la enfermedad, y no un asesinato urdido por conspiradores. Por eso la escena de la exhumación estuvo más en el realismo mágico que la novela de García Márquez.
No fue menos desopilante la exhortación de Chávez a las FARC para que dejen las armas. Al explicar que la guerrilla colombiana está sirviendo de argumento al eje Bogotá-Washington contra Venezuela, dijo que debían desmovilizarse porque hoy no se dan las condiciones objetivas para el triunfo de la lucha armada. Hizo un razonamiento de manual de estrategia "foquista", en lugar de descalificar el accionar criminal de una guerrilla envilecida y cruel.
Para Chávez, las FARC deben dejar las armas porque no hay condiciones que permitan la toma del poder mediante la lucha armada, y no por ser una milicia dedicada al narcotráfico y al secuestro extorsivo, que viola derechos humanos. Con palabras que, en lugar de evidenciar una distancia, parecen desnudar una relación íntima en el lecho de la ideología, el exuberante líder caribeño quiso ganar credibilidad ante el mundo que escucha la denuncia de Colombia.
No es más absurdo que la escena de la exhumación de Bolívar, pero las palabras de Chávez se parecieron a los delirios alucinatorios que la fiebre provocaba en el prócer, cuando marchaba hacia el exilio.