ALFONSO LESSA
Si algo prueba el desarrollo que alcanzó el proceso democrático en los últimos 25 años, es la propia composición del actual gobierno: un ex jefe guerrillero como José Mujica en la Presidencia y su grupo constituido en la principal bancada parlamentaria. Quiere decir que la democracia actuó de forma inclusiva, dando espacio a todos los sectores, al punto que los tres principales partidos se han alternado en el poder.
Durante estos 25 años hubo de todo, incluyendo duras controversias en materia económica, situaciones críticas como la de 2002 y medidas polémicas como la ley de Caducidad. También hubo plebiscitos sobre este y otros asuntos que permitieron pronunciarse a la sociedad. E incluso, últimamente, la prisión de civiles, militares y policías juzgados por violar los derechos humanos. Penden, claro está, deudas sociales.
Esta semana, el Partido Colorado inició una serie de actos en conmemoración de la recuperación democrática. El acto inicial, constituyó en sí mismo una muestra de tolerancia y republicanismo, que dejó de lado diferencias circunstanciales o de fondo, protagonismos, interpretaciones históricas y acciones del pasado. Allí estaban juntos, en el Palacio Legislativo, el presidente José Mujica y todos los ex presidentes de este período: los colorados Sanguinetti y Jorge Batlle, el blanco Luis Alberto Lacalle y el frenteamplista Tabaré Vázquez. Este acto fue posible por muchos factores, entre otros, seguramente por el clima que ha logrado gestar Mujica con amplio apoyo de todos los partidos. También porque la democracia es una construcción colectiva, plena de diferencias, pero también de encuentros.
La transición fue compleja y tuvo momentos extremadamente polémicos como el Pacto del Club Naval y la aprobación de la ley de Caducidad, con el protagonismo -en diferentes momentos- de todos los partidos. En el Club Naval los protagonistas fueron -junto a los negociadores militares encabezados por el general Medina- el Partido Colorado, el Frente Amplio y la Unión Cívica. Es claro que, sin la participación de la izquierda -que lo legitimó- no hubiera habido pacto en esa circunstancia. Wilson Ferreira estaba en prisión luego de su regreso al país, lo que fue un nuevo y quemante elemento de presión para los militares.
Aquel Pacto abrió paso a elecciones con dirigentes proscriptos (Wilson, Seregni) pero de las que de un modo u otro participaron todos los sectores políticos.
Luego, en 1986, fue con la aprobación de los colorados y la mayoría del Partido Nacional que se aprobó la ley de Caducidad. En esta ocasión fue la izquierda que opuso. Aquellos episodios estuvieron precedidos del plebiscito de 1980, de unas internas decisivas en las que triunfaron los sectores opositores y de una creciente movilización popular con ciudadanos de todos los sectores. Hoy, un cuarto de siglo después, cada quien hace su propia interpretación de aquel proceso, pero lo ocurrido en el Palacio Legislativo es claro síntoma de la salud del sistema democrático.