En la jornada del lunes, un taximetrista fue apuñalado en lo que se supone fue un intento de rapiña. Minutos después, y tal cual es la sagrada costumbre instaurada por el gremio, se decretó un paro. Una medida que, más allá de su justificación, termina perjudicando a quienes menos lo merecen, los usuarios, y que a esta altura poco impacta ni a las autoridades, ni mucho menos a los delincuentes. Sin embargo, horas más tarde, un patrón de taxi fue asesinado a balazos en otra rapiña, pero allí no hubo medidas gremiales, ni paro, ni nada.
La única diferencia entre los dos episodios fue que en uno el herido era un empleado y en el otro el muerto era un patrón.
¿Será que para el sindicato del taxímetro la vida de un patrón vale menos que la de un empleado?