MATÍAS CASTRO
Hace menos de una semana en Argentina aparecieron algunas fotos en las que se veía al millonario Ricardo Fort besándose con otro hombre. El hecho, que en cualquier otro caso podría ser menor, tuvo aquí una importancia particular, dado que Fort se muestra como heterosexual desde que saltó a la fama el año pasado. Los primeros en publicar las imágenes habrían sido los responsables del sitio web Concepto Radio, quienes afirmaron que lo hicieron para terminar con la "sarta de mentiras" de Fort. Vistas las cosas en esos términos queda claro que detrás de la revelación de las imágenes había intenciones de cambiar la imagen del millonario.
Desde el comienzo Fort se mostró como un triunfador, sosteniendo siempre una actitud que decía algo así como ¿qué culpa tengo de ser artista y exitoso en la vida? Esa era la imagen sobre la que construyó todo un año de teatro, mucha televisión, ropa, negocios empresariales y mucho, pero mucho chisme. Dentro de ese chisme entra el juego televisivo de estos días en el que mediante una suerte de reality se le busca novia.
Todo es cuestión de imagen, y el aplomo con el que Fort ha creado la suya es mayormente responsable de que se haya convertido en una figura que polariza al público entre quienes lo admiran y quienes lo detestan. ¿Por qué se lo admira? Básicamente porque tiene dinero, o al menos lo aparenta (recordemos que en esos ambientes la imagen es lo primero) y ha sabido mostrarlo.
El lunes dio otra muestra de su poderío económico cuando despidió a uno de sus famosos guardaespaldas porque supuestamente no lo cubrió cuando debía haberlo hecho. La razón aparente es que el guardaespaldas (apodado Dany La Muerte) no lo protegió del ataque del novio de "La Niña Loly". ¿Fort no sabe defenderse solo? Lo que es seguro es que los guardaespaldas no están solo para cubrirlo, sino para reforzar ante el público la idea de que tiene dinero, que es importante y que está constantemente amenazado.