Los primeros desafíos del plan de vivienda

Asentamiento. Cuesta convencer a los vecinos para que se involucren en el proyecto

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Pilar Besada

En el asentamiento 1° de Mayo se comenzaron a mover las primeras fichas del ambicioso plan de vivienda del gobierno. Desde hace un mes, un grupo de 20 vecinos hace bloques con materiales que dona Fucvam.

"Es una de esas cosas que cuando se dan no lo podés creer", dijo Sonia Manzzi, una vecina del asentamiento. "Llego de trabajar y me pongo a hacer bloques, aunque esté cansada", comentó Sonia, que es empleada doméstica y tiene cinco hijos.

Hasta ahora, entre 20 y 25 personas de 12 familias colaboran con la elaboración de bloques, aunque en el asentamiento viven 139 familias. "A veces da rabia que la gente no venga. Pero no nos vamos a tirar abajo, porque ya nos propusimos eso, no tirarnos abajo", dijo Sonia.

"Ya se van a ir acostumbrando", comentó Juan Pereyra, otro vecino. "La gente no se hace la idea de que tienen que venir a hacer bloques, porque les parece mentira. No lo creen, que solo por venir y hacerlos se los pueden llevar".

En la casa de Juan, toda de material, flamea la bandera de Fucvam, y descansan pilas de arena, portland, pedregullo y fierros.

"A mi señora y otras dos vecinas se les ocurrió llamar a Fucvam", comentó Juan. "Hace un mes tuvimos una reunión y al otro día trajeron los materiales", afirmó. Fucvam da el apoyo en el marco del plan sociohabitacional "Juntos", que dirige Presidencia.

El subsecretario de Vivienda, Jorge Patrone, afirmó que las acciones que se realizan en el 1° de Mayo "no son estrictamente un plan piloto" del programa sociohabitacional. "Son parte de los trabajos que se están realizando, pero tampoco es el único lugar donde se está trabajando", indicó. De todos modos, el jerarca no quiso revelar los demás puntos de acción, ya que "primero que nada se busca testear las acciones y los resultados", indicó.

En la zona donde viven Juan y Sonia, el 1° de Mayo está a mitad de camino entre un asentamiento y un paraje rural, donde se pasean las gallinas y los perros en un entorno despejado. Las calles están bien marcadas, las casas ocupan terrenos delimitados por cercas y hay poca basura alrededor, a pesar de que muchos son clasificadores.

De todos modos, en la zona norte del asentamiento la situación es más crítica. Las casas son precarios refugios de madera.

Desde 2005, Un Techo para Mi País trabaja en el lugar. Construyeron 70 casas de madera y realizaron planos y censos del asentamiento.

Habían levantado un centro comunal, donde se realizaban reuniones de vecinos, había una biblioteca y concurrían niños de la zona, pero el año pasado entraron a robar y lo prendieron fuego. "Tratamos de apagarlo pero no pudimos, se lo llevaron las llamas en un rato", recordó Sonia.

Ahora, con los primeros bloques que fabriquen construirán otro centro comunal, más grande que el anterior, en un terreno vacío donde quieren también tener una cancha de fútbol. Juan mostró el plano impreso del nuevo centro comunal, que realizaron los voluntarios de Un Techo.

Aunque las actividades de los voluntarios de Un Techo Para Mi País se vieron reducidas por la desaparición del centro comunal, siguen actuando en el barrio.

Cynthia Pérez, responsable social de Un Techo Para Mi País, señaló que están en contacto con los responsables del plan estatal "Juntos" para "poder coordinar y no superponer esfuerzos. De todas maneras -añadió- el trabajo de Un Techo en el barrio sigue".

Progreso. Las familias que trabajan en la elaboración de bloques quieren formar una cooperativa y hacer progresar al barrio.

"Queremos cambiar todo, tener luz y calles. Ahora estamos colgados de la luz, pero esa no es nuestra idea. Ahora estamos esperando que nos traigan los materiales para hacer losetas en los techos", indicó Sonia.

"Todos los techos de chapa tienen que desaparecer, y los de dolmenit también, porque son cancerígenos", afirmó.

Hace poco también concurrió un móvil del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, que hizo un relevamiento para hacer calles.

"Entró Antel y nos dijeron que en agosto llega la luz", agregó Juan. Además, en el 1° de Mayo se paga el agua. Todas las viviendas pagan un costo fijo mensual de $ 63 por la conexión de OSE.

El asentamiento, delimitado por las calles Domingo Arena, Los Sauces, Capitán Tula y Los Cerrillos, está atravesado por una cañada, que cuando llueve, inunda a las viviendas cercanas. Los vecinos también quieren dirigir el curso de agua para evitar las inundaciones.

A la entrada del 1° de Mayo, El País preguntó a un quiosquero si el lugar era seguro. "Sí, cómo no. Es un precioso barrio", contestó el hombre.

"Al barrio lo vamos a mejorar todos juntos, pero casi todos se aíslan"

Mientras El País recorría el asentamiento 1° de Mayo junto a Juan Pereyra, uno de los vecinos, un hombre salió de su casa y pidió a la fotógrafa si podía pasar a sacar una foto. "Para que vea la gente dónde vivo", dijo.

Para llegar a la vivienda hubo que atravesar un largo corredor de barro. En el lugar, el olor a basura era intenso. "Ni los chanchos viven así", dijo Alberto, el dueño de casa. Allí vive con su señora y cinco hijos.

"La comisión (del barrio) vino, y me vieron en este estado, y no hicieron nada", contó Alberto.

Juan le preguntó por qué no había ido a hacer bloques, con los materiales que donó Fucvam. "Yo si quieren voy, pero primero necesito que me tiren escombros para poder entrar a mi casa", dijo Alberto. Juan accedió a llevarle escombros y lo invitó a la reunión de vecinos del domingo. "Si usted no habla, nadie le va a venir a solucionar lo suyo", le explicó.

"Si el domingo no va a la reunión, lo vengo a llevar de los pelos", dijo Juan afuera de la casa. "Porque tiene que entender cómo se va a organizar el barrio. Porque al barrio lo vamos a hacer todos", dijo, y se lamentó de que en el asentamiento, "a casi todos les pasa lo mismo que a este señor, se aíslan solos". Para Juan, "no todo es quejarse. Hay que buscarle la solución a las cosas. Ahora que vino la solución, ¿no te agarrás de ella?", se preguntó.

El terreno que ocupa el asentamiento 1° de Mayo pertenece al Banco Hipotecario del Uruguay (BHU). "Si ellos no nos venden, es imposible regularizarnos", dijo Juan, que se dedica a la venta de leña.

"Antes no se hacían calles en el asentamiento porque decían que el terreno era del Banco. Ahora vino el Ministerio de Transporte y van a hacer calles. Ahora sí se puede. No sé qué se movió para que eso pase", comentó Juan.

En parte gracias a la ayuda de los voluntarios de Un Techo Para Mi País, que trabajan en el asentamiento desde 2005, el 1° de Mayo logró varios triunfos.

A través de reuniones de vecinos, se logró que no se tirara basura en las calles y que tres veces por semana pase el camión de la basura. Además, cada vivienda tiene su terreno bien marcado, y tratan de evitar que más de una familia se ubique en cada terreno.

"Nunca se permitió vender la mitad de los terrenos", comentó Juan. "Si uno lo quiere hacer, nos juntamos entre los vecinos y vamos a hablar con él para explicarle que no se puede vender, porque se complica el barrio, nos atrasa".

La idea es que, "cuando llegue la regularización se pueda hacer rápido, y no haya que reubicar familias", indicó Juan.

"Acá estamos avanzando", comentó Sonia, otra vecina del asentamiento.

"Viví 14 años en el asentamiento Nuevo Amanecer, y hicimos lo imposible por salir adelante, pero no se pudo".

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