No habían terminado de celebrar la gesta los jugadores celestes en el campo del estadio Nelson Mandela de Port Elizabeth en medio de una lluvia torrencial, cuando miles de uruguayos se volcaron a las calles de todas las ciudades del país para sostener un solo grito y levantar una sola bandera. Fue una fiesta espontánea para saludar el regreso de Uruguay a los cuartos de final de una Copa del Mundo después de 40 años. Con oficio, solidaridad en la cancha, firmeza defensiva y pinceladas de buen fútbol en ataque, coronadas por el olfato goleador de Luis Suárez que, como Diego Forlán en la fase de grupos, fue el héroe de la jornada de ayer. "Tienen la misma reserva anímica que hizo historia. Tenemos derecho a soñar. Y dan ganas de hacerlo", dijo Ildo Maneiro, integrante de aquella selección de 1970, el último mundial donde Uruguay figuró entre los cuatro primeros. "Hemos estado mucho tiempo mirando el futuro por algo como esto y ahora está ocurriendo", afirmó Oscar Tabárez, pocos minutos después del partido, que fue durísimo. "¿Para qué otra cosa puede servir todo esto sino para darle felicidad a la gente?``, agregó. Miles con los rostros pintados, con pelucas celestes, agitando banderas, lanzando cohetes y haciendo sonar las bocinas. El grupo celeste ha conseguido una sintonía con el sentimiento popular. "Todavía no caigo", dijo Diego Forlán. Y llamó a continuar disfrutando. "Yo ni sé los récords. ¿Para qué me voy a poner a analizar? Que lo haga la gente".