Antonio Mercader
Al igual que en Zaragoza (2008), el restaurante-parrilla de Uruguay, esta vez en Shanghai, vuelve a ser un éxito en una exposición universal. Bien por INAC y por los empresarios a cargo del restaurante que promueven nuestras carnes ante el mundo. Hasta ahí todo bien. El problema es que, además del restaurante, Uruguay tiene un stand que pretende brindar una imagen del país, de sus oportunidades comerciales y de inversión, así como de sus atractivos turísticos. Con ese stand hay problemas.
Así lo denuncian algunos viajeros, entre ellos un lector de El País que publicó anteayer una carta en la sección Ecos. Es alguien que visitó el stand y quedó decepcionado porque en la exhibición allí montada "se notaba la falta de ganas, de entusiasmo", según comprobó. Se trata sin duda de un conocedor del tema pues acepta con naturalidad que Uruguay no cuente con un pabellón propio sino compartido con otros países latinoamericanos. Es que resulta imposible financiarlo en estas grandes exposiciones como lo probó nuestro fracasado intento en Hannover 2000. Las críticas no van por ahí.
"Las luces eran algo bajas, los stands sencillos al mejor estilo Latu, contrastando una y mil veces con los stands del resto de los países participantes", describe. "Pantalla gigante y varias pequeñas contaban en cuotas cosas nuestras, pero tres de los seis mini-stands estaban completamente vacíos", anota. Añade que "el único que mostraba algo nuestro" lo hacía "de una manera aburrida y dale-que-es-tarde, que tenía en varias vitrinas llaveros de Uruguay, gorritos de Uruguay Natural con traducción china, botellas de un vino que nadie conoce en exposición, y poco más". ¿Puede concebirse un retrato más deprimente?
"Salimos de ahí desilusionados, un poco avergonzados(...), tristes y pensando que todo esto es un desperdicio de dinero", prosigue el corresponsal quien finalmente lamenta que se desaprovechen "los miles de talentos que existen en nuestro país" y "la oportunidad de que 70 millones de personas que se espera visiten la expo se lleven una imagen positiva" del Uruguay. Lo interesante es que este compatriota cuenta que, muy enojado, después caminó dos cuadras entre un enjambre de chinos hasta llegar al restaurante, "una iniciativa privada gastronómica bien uruguaya", esa sí merecedora de sus elogios.
En suma, tenemos en Shanghai un mal stand y un buen restaurante. Dos años atrás, comentarios similares surgieron en la exposición de Zaragoza en donde lo más destacado de la presencia oriental también fue el restaurante-parrilla que reunía a diario a cientos de comensales. Los responsables del stand uruguayo alegaron entonces que la promoción de la carne era lo importante. Quizás los que están ahora en China -ese país al que tantas cosas desearíamos venderle- opongan el mismo, inaceptable argumento.
Tal como dice el autor de la carta, una exposición universal es una enorme vidriera para el país. Participar en ella tiene un altísimo costo, razón por la cual deberíamos sacarle el mayor partido y demostrar que, aparte de su buena carne, nuestro país tiene unas cuantas cosas más para ofrecerle al mundo.