Cuando el presidente Mujica quiere ser ambiguo no lo logra con tanto éxito como cuando intenta ser concreto. Al aludir al asunto del monitoreo de la planta de celulosa, que a esta altura ha llegado a saturar el interés y la paciencia de los uruguayos - en lo que compite con otro culebrón como el de la Ley de Caducidad- Mujica aparentemente quiso enviar un mensaje con pretensiones de claridad. Dijo que el contralor que vale que es el que abre espacio a la protección de intereses ajenos que pueden ser afectados, pues si no haría aquello de "yo me lo guiso, yo me lo como", remitiéndose al dicho español que aquí se enseña a los niñitos mostrándole los dedos de la mano y haciéndoles la historia de "éste puso un huevito", que empieza con el meñique y termina con el pulgar ("este pícaro gordito se lo comió"). Así se puede inferir que estaría aceptando una de las exigencias de los piqueteros de Gualeguaychú, el famoso monitoreo, pero desde adentro de la fábrica.
De manera que avanzando mucho más allá de lo que recomendó el fallo de La Haya -el monitoreo conjunto de los dos países del río, no de la planta- y justo cuando el gobierno argentino borra con el codo lo que escribió con la mano y luego de incitar al delito, ahora se le ocurre denunciar penalmente a los por él incitados, aparece nuestro magnánimo Presidente sugiriendo que podría aceptar la condición de los llamados "asambleístas".
Es para contarlo y no creerlo. No sólo por la flagrante violación a nuestra soberanía, sino además, porque no se le ocurrió ni siquiera pensar que la empresa podría oponerse, con toda razón, al ingreso de extranjeros para fiscalizar lo que hace.
Señor Presidente, explique por favor.