Bonomi

El delito no da tregua. Los hurtos se multiplican. Las rapiñas se disparan. Los asaltos se vuelven cada día más violentos. Los uruguayos sienten cada día más miedo. Y saben que cuando salen de su casa, a trabajar, a estudiar o a pasear, se convierten en potenciales víctimas. Y que tampoco entre cuatro paredes pueden ya sentirse seguros. Porque cualquier día cualquiera de nosotros puede pasar a engrosar las estadísticas.

Eso es grave. Y esa situación, que duele y preocupa, está lejos de ser corregida. Pero sería necio no admitir que desde la asunción de Eduardo Bonomi como ministro del Interior algunas cosas están cambiando. Y para mejor.

Durante el gobierno del ex presidente Tabaré Vázquez la seguridad pública sufrió un fuerte deterioro. La Policía, a la que la izquierda arrinconó y puso de rodillas desde el restablecimiento mismo de la democracia, se sintió inerte y percibió la falta de apoyo superior. La inacción de José Díaz y la soberbia infinita de Daisy Tourné abonaron el terreno a los delincuentes. Y éstos, viendo a la autoridad inerte, aprovecharon la situación y coparon la parada.

Bonomi y la nueva cúpula policial han mostrado, en menos de cuatro meses, que es posible exhibir una mayor firmeza contra el delito sin necesidad de caer, por ello, en la represión fácil. Que si se trabaja más, y se pasa menos tiempo subiendo fotos al Facebook o pavoneándose frente a las cámaras, es posible transmitir señales positivas a una población que, pese a todo, sigue sintiéndose indefensa. Que un ministro del Interior debe ejercer el cargo que le ha sido confiado y respaldar a sus jefes en todo el país, porque sólo así se podrá comenzar a ganar, en el largo plazo, una batalla que otros dieron por perdida antes de librarla.

Los noticieros siguen informando de delitos. Pero algunos, y es bueno hacerlo notar, se aclaran. Y eso, que puede parecer lógico, resultaba imposible hasta hace algunos meses.

Hoy se percibe en la autoridad policial una mayor decisión y firmeza a la hora de preservar el orden. No se está reprimiendo por reprimir. Pero cuando la Policía ha tenido que hacerlo, no ha vacilado. Parece perderse, de a poco, el miedo a ejercer la autoridad. Y eso pasa porque el policía siente que tiene apoyo de su jefe. Y el jefe siente que el ministro del Interior está allí para apoyarle, y no para entregarlo de manos atadas toda vez que "la tribuna" proteste por el uso de la fuerza.

Es preciso mantener este rumbo y seguir emitiendo señales. Para que entiendan los delincuentes que la Policía no está únicamente para levantar el parte de lo sucedido, sino para combatir el crimen y hacer cumplir las normas, por las buenas o por las otras. Y para que los ciudadanos decentes perciban que alguien trabaja para que ellos se sientan un poco más seguros.

¿Hasta dónde permitirá la propia izquierda que llegue Bonomi en este camino? Ese es otro tema. Aunque conviene que nos empecemos a hacer esa pregunta.

elpepepregunton@gmail.com

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