MATÍAS CASTRO
Para algunos famosos es imposible vivir con perfil bajo. Exponer lo que ocurre en la vida diaria, incluso los disgustos, es una necesidad.
"Yo seguiré luchando por mi derecho. Necesito seguir trabajando para el pago de los abogados en el proceso", dijo la actriz mexicana María Antonieta de las Nieves, más conocida por haber interpretado en televisión a La Chilindrina. La actriz está en pleno juicio contra Roberto Gómez Bolaños, su ex compañero de trabajo en la serie Chespirito, para resolver quién de los dos tiene más derechos de autor sobre el personaje.
Este ejemplo es bastante obvio en cuanto a las necesidades económicas detrás del juicio. Hay otros casos en que esto no se pone tan a la vista, como los que se reseñaban ayer de Ricardo Fort, Silvina Escudero y Graciela Alfano. Entre ellos han generado, casi sin proponérselo, un trío de querellantes, grupo de gente fuera de sí que se demanda recíprocamente por estos días. De no ser porque en Argentina hay una larga tradición de vedettes que se demandan por insultos dichos en cámaras, los jueces estarían ahora muy divertido con todo eso.
En estos casos los juicios, que son la continuación formal del conventillo que montan ante cámaras, no son más que continuaciones de sus espectáculos. Es parte del show que ofrecen y que su público consume casi a diario. La gran diferencia es que el dinero no proviene aquí de las boleterías, sino de demandas eventualmente ganadas.
En general cuando la gente se pelea y se insulta (pensemos en algunos ejemplos: dos vecinos, un almacenero con su cliente, dos compañeros de trabajo, dos empresarios) no van corriendo a pedirle al juez que los proteja. Las cosas suelen arreglarse directamente entre ambos. Para varias celebridades argentinas los códigos son diferentes y son incapaces de resolver los problemas entre ellos. Por eso los convierten en espectáculo y ponen cámaras de televisión de por medio y luego jueces entre ellos. Pero en persona y solos son incapaces de arreglar algo.