Democracia acosada

En nuestro tiempo, y a escala planetaria, escasean la armonía, la concertación y el equilibrio. Cada uno va por lo suyo sin preocuparse mayormente por el prójimo. Esta visión de la realidad social no es nueva: la encontró ya Platón, el primer fascista de la historia, según el catedrático laboralista Crossman. Para el genio helénico, la aversión a los demócratas de su época lo llevaba a sostener que estos últimos identificaban la libertad con la ilegalidad, la libre iniciativa con la licencia y la igualdad con el desorden.

Esta breve introducción pone sobre el tapete el problema de la libertad y sus límites. Hoy en día, precisamente, los demócratas no pueden ser objeto de esa cadena originada en el filósofo griego. Todo lo contrario, por supuesto: para defender la vigencia de una democracia se vuelve imperioso evitar que los enemigos interiores de ella procedan tal como queda señalado porque, entonces, la democracia se debilita y degrada. Veamos qué sucede en nuestro país.

Un lector publica en Ecos una nómina extraída del sitio web de El Espectador. Se trata de más de treinta conflictos laborales producidos en Conaprole desde octubre de 2005 hasta la fecha. ¿Estamos frente a una ilegalidad, una licencia o un desarrollo? La libertad es libre, se dice, todos tenemos los mismos derechos, somos iguales, pero grupos absolutamente minoritarios deciden que gran parte de nuestra población ha de sufrir penosas consecuencias por estallar conflictos de los que no son, de manera alguna, responsables.

Otro tanto ocurre cuando una medida gremial llega al colmo de impedir o de reducir la atención médica en el CTI del Hospital Italiano. La prepotencia corporativa actúa en todos los planos concebibles. Los docentes se arrogan el derecho de oponerse a la designación de determinados colegas con integrantes del Codicen. Y habrá que ceder ante ellos porque, en caso contrario, paralizan el sistema educativo. ¿Cuándo se les dio la facultad de vetar?

La escalada va en aumento. Si al Estado, por ejemplo, le conviene privatizar una empresa pública que tiene dificultades notorias para funcionar bien, la dirigencia gremial respectiva -en aras de quien sabe qué principios u obedientes a cierta ideología- resuelve oponerse a esa iniciativa y, probablemente, el gobierno cederá ante sus exigencias. Ya tenemos gremios policiales y, ahora, algunos retirados militares, y otros en actividad, planean construir el suyo propio. El Uruguay podría ser incluido en el libro Guiness gracias a eventuales comisarías "ocupadas" y cuarteles en la misma situación. Todo es posible.

Nuestra democracia está acosada, sitiada por dentro. Hemos llegado a un punto peligroso. Nos enorgullece nuestro sistema electoral y su continua práctica. Pero en los hechos, ¿qué es lo que ocurre? Que nuestra ciudadanía elige a sus autoridades, su Parlamento, sus Intendentes, etc. y estos, a su vez, designan a los miembros de los entes, servicios descentralizados, direcciones nacionales y departamentales, etc. Todos ellos son representantes del pueblo electo, directa o indirectamente. Pero, lamentablemente, esos legítimos representantes del pueblo se encuentran desafiados por pequeños núcleos de dirigentes sindicales que pueden decretar y concretar la paralización de cualquier servicio esencial, público o privado.

¿Qué credenciales tienen estos dirigentes para adoptar determinaciones que afectan a toda la población? ¿Quién los eligió? ¿Qué derecho los ampara? ¿Cuántos ciudadanos respaldan sus decisiones? ¿Cien, mil o diez mil personas? ¿Y qué significa estos números frente al millón o más de ciudadanos que votan a las autoridades del país?

Estamos acostumbrándonos, por desgracia, a que grupos minoritarios hagan lo que quieran en el Uruguay. Hay una firme y continua desviación del poder hacia las cúpulas sindicales. Estamos hablando del poder real, no del que establece la cátedra. Es obvio que la fuerza de trabajo debe ser protegida contra cualquier abuso. Pero la sociedad entera también debe ser protegida de los excesos que pueda cometer un sector cualquiera contra la aplastante masa mayoritaria.

Esto es elemental y sagrado. Es un desafío que aún no ha encontrado respuesta.

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