Tirar la leche

Juan Martín Posadas

Alguien podría pensar que la noticia más importante de la semana, lo que no puede pasar sin comentario y análisis, es la reunión en Anchorena de los Presidentes de Argentina y Uruguay. Pues no. Lo más trascendente y que no se puede dejar sin comentario es la huelga en Conaprole.

La reunión en Anchorena terminó con sonrisas, se levantó antes de lo previsto y no dejó nada concreto. Cristina se subió a su helicóptero rosado y se fue sonriente. Mujica se volvió a Montevideo tarareando la letra de "Amores de Estudiante". La huelga en Conaprole es donde se está jugando algo muy concreto y muy importante.

El periodismo (en general) se ha hecho la idea de que un conflicto como este sólo llega a ser grave cuando se tira leche; en ese momento mandan las cámaras y filman los torrentes blancos sobre el pasto; si no se llega a ese extremo el asunto no es grave. Error. Lo grave no es tirar la leche (que, en el fondo, es una medida impuesta por la naturaleza porque la leche no se puede guardar adentro de la vaca) sino que lo grave es la herida inferida contra una compleja estructura económica y social que se conoce como cuenca lechera y que, una vez abandonada o destruida, es muy difícil restaurar.

Mujica ha dicho (a él le creo todavía), que tanto él personalmente como su partido (a ese no le creo) se quieren poner siempre del lado del más débil y que ese va a ser el sello de su gobierno. En este conflicto los más débiles son los peones de los tambos y sus familias, los que se levantan todos los días del año a ordeñar a las cuatro de la mañana, los que no tienen "el día del tambero" como existe el día de la industria láctea (y ese día no hay reparto). ¿Cómo son los sueldos que el sindicato ha conseguido para sus operarios y cómo es la retribución -cuánto pellizca del negocio- el tambero y su familia? Nadie en el oficialismo se ha puesto del lado de ellos.

El Ministro de Trabajo aparece en los noticieros dejando ver, en sus palabras y en su gestualidad, que no quiere líos. Comparemos con la firmeza con que el dirigente sindical defiende su postura y su causa. El Ministro quiere componer; el dirigente sindical muestra que sabe a qué se juega y qué es lo que se disputa: no es la conducta de un operario, es el poder.

Mujica invitó en el Conrad a los empresarios extranjeros que vinieran a invertir al Uruguay porque este es un país previsible, que respeta las reglas y la ley. ¡La ley del más fuerte! Esas palabras del Conrad parece que no le dijeran nada a los diputados y senadores del partido de gobierno; se han quedado todos calladitos. Los dirigentes del sindicato, esos sí, tienen las cosas bien claras: ponen la cara y hablan fuerte. El Ministro patea el lío para más adelante, sugiere un seguro de paro por cuatro meses para poder razonar todos con la cabeza más fría. Mujica en otros tiempos le habría dicho: papucho, no se trata de razones, se trata del poder ¿o no entendiste todavía?

Y la oposición, que está sinceramente dispuesta a acompañar la gestión de un Presidente que los invitó a ello, se pregunta con dolor auténtico: ¿dónde quedó el discurso del país productivo, agroexportador y demás? ¿De qué lado está el gobierno?

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