Guillermo Chiu, un hombre de 74 años, es el editor del Kwong Wah Po o Diario Popular Chino, que sale todos los meses en La Habana. Chiu trabaja con más personas pero está preocupado porque no sabe a quién dejará su legado: sus compañeros tienen edades similares a la suya y los jóvenes descendientes de chinos que viven en la ciudad ya casi no hablan su idioma tradicional. Además, el trabajo no es sencillo, consiste en seleccionar los contenidos, traducirlos al chino si es que están en castellano y seleccionar los caracteres que se colocarán en la plancha de impresión. Estos símbolos marearían a cualquiera que no fuera un experto: son entre 7.000 y 8.000 piezas metálicas. En Cuba llegó a haber 50.000 chinos, pero la población decayó drásticamente después de la Revolución de Fidel Castro. Ahora apenas 250 descendientes viven allí y tienen entre 70 y 80 años. Pero aunque son pocos, cuentan con el apoyo del gobierno, que financia la publicación del Kwong Wah Po porque entiende que es una manera de preservar esa cultura que desembarcó allí hace 163 años.