BEIJING | THE NEW YORK TIMES
A medida que el mundo observa atentamente la transformación de China de una nación agrícola en un coloso económico, también surgen riesgos en el camino de crecimiento de la nación más poblada de la Tierra.
El ascenso de China es un milagro económico. Pero, al igual que el de Japón, el modelo económico chino impulsado por el Estado podría terminar siendo más útil en las etapas previas de desarrollo que para garantizar un crecimiento sostenido bien cimentado hacia el futuro.
"Japón tuvo un modelo económico que funcionó de manera fenomenal durante unos 40 años", dijo Arthur Kroeber, director administrativo de Dragonomics, empresa dedicada a análisis económico. "¿Acaso eso demuestra que el modelo para los primeros 40 años estaba equivocado? No. Demuestra que fue el indicado para esa etapa de desarrollo".
China cuenta con un gran grupo de mega corporaciones, aunque a diferencia de Japón, éstas pertenecen al Estado y con frecuencia son vistas como instrumentos de la política gubernamental. Amplios sectores de la economía, incluidos las finanzas, las comunicaciones, la energía y algunos sectores cruciales de manufactura, efectivamente están vedados a extranjeros e incluso a la mayoría de los competidores internos.
Algunas de estas tácticas salen directamente del guión japonés y de otros países en desarrollo que han buscado elevar a un nivel superior sus economías impulsadas por las exportaciones.
China es diferente en dos aspectos que pudieran parecer contradictorios. Por un lado, se considera que importantes industrias como la petrolera, las telecomunicaciones, banca y aviación son estratégicas y están bajo un tirante control del Estado. De las 22 corporaciones incluidas en la Fortune Global 500, 21 son controladas por el gobierno central de China o bancos administrados por el Estado. Tan sólo una, Shanghai Automobile, es administrada por un gobierno local. Ninguna pertenece a particulares. Estos "campeones nacionales", como los considera el gobierno, son la vanguardia del impulso chino hacia los mercados mundiales.
Por otra parte, la industria ligera, las ventas minoristas y el próspero sector exportador de la nación son más libres para seguir las reglas de Adam Smith. Vendedores de bienes de consumo occidentales, desde Wal-Mart, pasando por Snickers, hasta Tesco, son ubicuos en China y compiten vigorosamente con los del ámbito nacional. Además, muchas de las principales exportaciones de China, como iPods y zapatos tenis Nike, son fabricados por o para multinacionales extranjeras que retienen la mayoría de las ganancias derivadas de su venta.
Cambiar consumo
China busca reducir su dependencia de las exportaciones. Pero, eso requiere un giro de 180 grados en los hábitos de consumo de una población acostumbrada a ahorrar determinadas contingencias como la educación y la atención de la salud. Darle un giro radical a eso requerirá tiempo.