MATÍAS CASTRO
Hace algún tiempo todos se reían de ella al mismo tiempo que compraban su libro, incrédulos de que fuese capaz de escribir dos líneas seguidas. Belén Francese es, probablemente, uno de los mayores personajes de la farándula argentina, superando incluso al estrambótico Ricardo Fort. ¿A qué viene el comentario? Por las palabras que dijo hace unos días en una entrevista, para defenderse de las polémicas con el jurado de Showmatch (y otra vez este programa vuelve a marcar la pauta de lo que se habla en la farándula): "La verdad es que a mí no me convocaron por un escándalo, lo hicieron por mi trabajo y porque apuestan a mis ideas, a pesar del qué dirán".
Belén fue categórica y conviene enfatizar parte de sus declaraciones: "Apuestan a mis ideas". A priori no parece ser de la clase de persona que alguien contrata por cuestiones intelectuales, sino más bien por lo contrario. Esto no implica falta de inteligencia, sino abundancia de cuerpo y siliconas.
Pero sus palabras, aunque no lo parezcan, no son tan disparatadas. Francese tiene una marca particular que la distingue de sus otras compañeras del mundo del teatro de revistas argentino: escribió un libro. Por cierto que también grabó un disco llamado Beludance, aunque hay algunas otras colegas que también han intentado cantar o algo así. Esa especie de humor autoconsciente que aprovecha la oportunidad para generar dinero es la marca de fábrica de Belén Francese. Juega a ser una rubia tonta, a que puede escribir un libro con rimas disparatadas, a que -aunque no debería cantar-, igual graba un disco. Y vende todo eso. Estas son las pruebas de una habilidad que pocas vedettes tienen, que implica cierta capacidad para reírse de sí misma (cosa que, por ejemplo, Wanda Nara o Evangelina Anderson no tienen) y que así y todo logra hacer un negocio con eso.
Hace algún tiempo, cuando comenzó con lo de escribir rimas, todos se reían de ella. Hoy es ella la que se ríe.