DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
Afeitado y sin visita", aunque la barba blanca se conserva, dejó el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, a su colega de Brasil, Luiz Inácio Lula de Silva. El inquilino de la Casa Blanca termina de enviar un claro mensaje llevando "a fojas cero" el viaje a Brasil.
La hasta hace poco pública amistad, llena de intercambio de halagos, entre los dos carismáticos líderes, ("Usted es el político más popular del planeta", llegó a definir públicamente con esas mismas palabras Obama al mandatario brasileño).
Y lo que hasta hace escasas horas parecía un "idilio político y diplomático indisoluble" entre los gobiernos de Estados Unidos y Brasil, quedó interrumpido abruptamente.
El presidente Obama, comprometido de antemano para ser uno de los protagonistas del Foro de la Alianza de Civilizaciones, junto a presidentes, ministros y figuras de todo el mundo en Rio de Janeiro, y de realizar una visita oficial antes que Lula abandonara la presidencia, acaba de "cerrar la puerta".
Los ánimos de la gente de Brasilia han quedado "ardiendo". Esperaba impulsar al mundo la despedida de Lula, luego de dos períodos de mandato presidencial, en medio de "bombos y platillos", con el aval a su gestión dado por un efusivo abrazo público de Barack Obama, que ocuparía las primeras planas de los medios de difusión de todo el planeta.
Pero la comunicación de la Administración Obama, sacada a luz por el diario "Folha" y no desmentida por Itamaraty, da un rotundo "portazo a las aspiraciones de Lula de exhibirse con Obama en su primer visita oficial a Sudamérica". En la noticia queda claro que "Obama recién viajaría después de las elecciones del próximo 3 de octubre", es decir, cuando quede instalado el nuevo gobierno.
¿Que provocó el vuelco del presidente estadounidense en su hilo conductor con Brasil?
Hasta el momento, desde la Asunción de Barack a la presidencia, el 20 de enero de 2009, los lazos entre ambos mandatarios parecían cada día más sólidos. Lula "flirteaba" con figuras no demasiado queridas por EE.UU. como Hugo Chávez, Correa, Evo Morales u Ortega, y hasta los efusivos abrazos con Fidel y Raúl Castro, pero no había reacciones de la Casa Blanca. Podrían producir algún leve "cosquilleo" de molestia, pero no más allá. Obama prefería ver a un Lula lanzado como líder de los países emergentes, como factor de equilibrio en Latinoamérica y también se entusiasmaba con su crecimiento económico.
Pero surgió una gota, que caía sin cesar, que desbordó el vaso. Hubo varias advertencias, especialmente nacidas de Hillary Clinton (discurso alertando de mantener la amistad con grupos que fomentan el terrorismo) y reiterado en una no muy lejana visita a Brasilia. "No acompañar los continuos desafíos de Mahmud Abmadinejad y los Ayatolás". En este terreno EE.UU. no haría concesiones. Lula desoyó las recomendaciones y llegó al acuerdo tripartito con Irán y Turquía para el enriquecimiento de uranio a través de terceros con fines pacíficos.
Ni EE.UU. ni las otras grandes potencias, China, Rusia, Francia y Reino Unido aceptaron el hipotético tratado. Hubo coincidencias en las declaraciones: "Brasil y Turquía se prestan a tácticas dilatorias de Irán, mientras continúa la carrera, secretamente, de continuar su carrera armamentista".
Este factor que "en notas aparecidas la semana pasada en la prensa" alertaban sobre la molestia del gobierno de Obama con la actitud de Lula en el asunto Irán, pareció "estallar" esta semana a un punto sin retorno.
También inciden las próximas elecciones en Brasil. Analistas y asesores estadounidenses y comentan que el mismo ex presidente Fernando Henrique Cardoso -en charla con Bill y Hillary Clinton-, habría aconsejado que no era oportuna la visita de Obama a Brasilia a pocos días de una reñida lucha electoral entre la candidata oficialista de Lula, la ex guerrillera, Dilma Rousseff, y el ex gobernador de San Pablo, José Serra, miembro del poderoso Partido de la Social Democracia Brasileña.