CLAUDIO FANTINI
La política es la acción pedagógica en su escala máxima". Esta definición lúcida y profunda es el eje del pensamiento del político más extravagante y entrañable que ha producido Colombia. El razonamiento de Antanas Mockus salió de la dimensión de la ciencia. Habitó ese mundo de claridad, certezas y exactitudes hasta que una de sus excentricidades comunicativas lo dejó fuera de los claustros. Era el rector de la Universidad Nacional y, frente a un grupo de estudiantes bulliciosos, se bajó los pantalones. Concluyó su mensaje, pero poco después lo expulsaron del cargo.
Ahora es la figura central de la disputa electoral que se define este domingo. Las encuestas le auguran un triunfo, pero él no canta victoria.
Pero hoy el fenómeno Antanas Mockus está más allá del resultado que finalmente se dé. Sucede que es difícil explicar por qué al candidato uribista este comicio le está costando más de lo esperado. Juan Manuel Santos tuvo un rol clave en lo que se considera el mayor éxito de Álvaro Uribe, porque fue el ministro de Defensa que organizó el "plan de seguridad democrática", propinando a las FARC las más fuertes derrotas de su medio siglo de existencia.
Con eso, debería tener asegurado un triunfo cómodo, sin embargo, lidiar con la competencia que estableció el novedoso Partido Verde lo obligó a multiplicar esfuerzos y gastos de campaña. ¿Por qué? Por un lado, porque la postulación de Noemí Sanín le quitó una porción del electorado conservador. Y por otro lado, porque el contrincante principal es Antanas Mockus; el matemático y filósofo que hace tiempo fundó el Partido Visionario, minúscula formación que lo convirtió en alcalde de Bogotá, el gobierno más importante después de la Presidencia.
Fue entonces cuando llevó a la praxis su "política de pedagogía ciudadana". Sin miedo al ridículo, se disfrazó de zanahoria, de grillo y de Superman en distintas campañas. Todas fueron efectivas. Entonces lanzó escuadrones de mimos a emboscar en las esquinas a los infractores de tránsito, y como los bogotanos temen más al ridículo que a las sanciones, el resultado fue una ciudad más limpia, prolija y ordenada.
Con resultados a la vista, los colombianos empezaron a entender que Mockus explica las cosas de ese modo porque su mente, moldeada en las ciencias y energizada por un altísimo cociente intelectual, se expresa mejor con hechos creativos que con palabras convencionales. Por eso Colombia tomó en serio su propuesta de hacer política desde las leyes y crear cultura jurídica, para reducir narcotráfico y violencia. Ya sabe que sus extravagancias son parte de esa "acción pedagógica en escala máxima". Y aunque finalmente vuelva a perder, Mockus habrá sido nuevamente el mayor aportante en intelecto y originalidad a la política de Colombia.