Sincerándonos

Rodolfo Sienra Roosen

Yo soy blanco hasta la muerte y no niego mi opinión, quiero ver un colorado en la punta de mi facón…" Lo recitaba de niño, y pienso que me iré del mundo sólo con la primera parte.

Vengo de una familia en donde la discusión política era comidilla diaria y muy pesada. Década de los cuarenta, Herreristas por un lado, Blancos Independientes por el otro, y Colorados también por el estrecho parentesco con el Presidente Amézaga, Las implicancias, lo de "las frentes más amplias y las manos más limpias"… Todos eran -y los pocos que vamos quedando lo somos también- pasionales, de manera que vivía en un pandemónium. Me etiquetaron blanco, aunque después que estudié, me ratifiqué por convicción.

Como le pasó a Pivel Devoto (perdón Don Juan por la comparancia…).

Decía que me iré tan blanco como el que más, aunque quizá sin el deseo de ensartar a un colorado. Es que los tiempos cambian, y siendo como somos colectividades distintas, tal como veo la realidad política de un país partido en dos mitades, siento que para gobernar los blancos con colorados y viceversa, tenemos más en común de lo que nos separó, nos separa y nos seguirá separando. Para qué voy a citar ejemplos, también la historia habla por mí.

En lo que se necesita para conformar un gobierno coherente, en nuestro Uruguay hay dos bloques de opinión contrapuestos Uno, hace tiempo que se agrupa en torno a un programa y todos votan juntos. A los integrantes del otro bloque, todavía no se les ocurrió hacerlo a nivel de dirigentes políticos, salvo honrosas excepciones como las que aseguraron varias Intendencias al Partido Nacional, y dos al Partido Colorado.

Pero eso lo hizo la gente, al margen y aún en contra de algunos líderes políticos obstinados desde Montevideo en no ver la realidad, aunque dieron el salto en Salto.

Ahora en eso estamos, con un grupo de ciudadanos de diversas extracciones partidarias, trabajando en una concertación que no es política, sino que pretende el objetivo cultural de razonar el voto, por vía de un sinceramiento, ese sí político. Nuestro movimiento de "Concertación ciudadana", ya camina.

En pocos días lo tendrán en una página web. No vamos en contra de nadie, los blancos seguimos siendo blancos y los colorados, colorados. Los que hablan de fusionismo no entendieron nada. Electoral y jurídicamente esa concertación que ahora va a lo fundacional, puede hacerse sin tocar normas, sin reformas constitucionales pesadas y costosas, tal como lo hizo el Frente en 1971, sin que perdieran identidad ninguno de sus partidos más antiguos y antagónicos, como el socialista y el comunista.

Si hemos concertado mil veces para gobernar ¿por qué está mal sincerarnos y concertar para llegar al gobierno?

Sabemos que hay una masa de ciudadanos cada vez mayor que fluctúa de un partido a otro continuamente buscando dónde ubicarse para hacerse oír, gravitar, ganar el gobierno. No se necesita "ser" nada, sólo tener fe y un programa. Lo demás -el entusiasmo es fundamental- vendrá solo.

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