Malestar de Estados Unidos ante la actitud de Lula

DANIEL HERRERA LUSSICH

En WASHINGTON

CORRESPONSAL PERMANENTE

Desde hace meses Estados Unidos observa con inquietud el creciente acercamiento del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, al cuestionado Mahmud Ahmadinejad.

Hillary Clinton visitó Brasilia para conversar con el mandatario brasileño y plantearle que se mantuviera al margen de la dura controversia que mantienen Estados Unidos y gran parte de los países del mundo occidental por el "secreto a voces" del enriquecimiento de uranio que está llevando adelante Irán para aumentar su poderío nuclear.

Lula fue tajante en su respuesta: "Creemos que el mejor camino está en el diálogo y no en las sanciones que pueda aplicar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas".

Ahmadinejad visitó Brasil y ahora hace escasos días Lula viajó a Teherán. Allí se suscribió un acuerdo tripartito, se sumó Turquía, para que el gobierno de los Ayatolás envíen a Turquía uranio con bajo nivel de enriquecimiento (1.200 quilos) a cambio de recibir, al año, uranio enriquecido (120 quilos) de manos de Francia y Rusia para utilizar con fines pacíficos.

Hillary Clinton habló públicamente objetando lo acordado; "sólo tiene el fin de dilatar la aplicación de nuevas sanciones". A lo largo de la semana el departamento de Estado se comunicó con el canciller de Brasil, Celso Amorim, reiterando que "el diálogo con Irán solo demoraría la decisión de la ONU en torno a las sanciones y permitiría a Irán seguir fabricando secretamente uranio enriquecido".

La prensa en EE.UU. editorializó muy duramente sobre la actitud de Lula. "No hay duda que Lula aumenta sus pasos para ocupar un papel protagónico entre los líderes mundiales, pero llama la atención que junto a la Argentina se opusieran a viajar a Madrid a la cumbre de Latinoamérica y la Unión Europea si se permitía la presencia del presidente Lobo, de Honduras, objetando el proceso electoral, aunque en materia de libertades y democracia son mucho mayores las objeciones que merece Irán y mismo Cuba, de los cuales Brasil se ha convertido en fuerte escudero", dice uno de los párrafos críticos del influyente matutino "The Washington Post".

También cuestionan a Lula que haya permanecido en silencio en muchos conflictos que hubo y hay en Latinoamérica. "Cuando los choques son entre sus vecinos y amigos no interviene para calmar los ánimos y buscar soluciones, dice el artículo, como en el caso de Argentina y Uruguay por el bloqueo de los puentes, de Colombia y Venezuela por el apoyo de Chávez a la guerrilla de las FARC, de Ecuador y Colombia y las fricciones de Costa Rica y Venezuela". Y mientras Brasil llega a las Naciones Unidas con el proyecto de acuerdo, Hillary Clinton anuncia que se ha logrado unificar opiniones entre EE.UU., la Unión Europea, Rusia y China, para aplicar sanciones más severas a Irán. Se le señala a Lula que las bases sentadas por Brasil, Irán y Turquía son similares a las planteadas por las grandes potencias en octubre pasado, aceptadas en principio por Irán y luego de lograr una nueva dilatoria, las rechazó argumentando que la entrega del uranio empobrecido a cambio del enriquecido sólo lo aceptaba si se concretaba en forma simultánea.

Mientras tanto, en altas fuentes de gobierno estadounidense y en círculos universitarios y consejos consultivos se marcan diferencias entre los peligrosos fines armamentistas nucleares de Irán y las aspiraciones de Lula de "alcanzar el estrellato como figura política mundial". El mandatario brasileño "quiere dejar todo anudado en su país y en política exterior, tarea que no es nada fácil". Las elecciones presidenciales serán en Brasil el 3 de octubre y pueden aupar a la candidata de Lula, una ex guerrillera, Dilma Rousseff, o a un poderoso rival, favorito hoy de las encuestas, José Serra. Otra carta de triunfo que intenta Lula antes de su retiro apunta a lograr la confirmación de Brasil como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

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