Memorias de un autoexilio salvaje

| Exile on Main Street. Uno de los discos clásicos de los Stones, lanzado en 1972, será reeditado el 19 de mayo El material original remasterizado incluirá 10 cortes nuevos en su versión "Deluxe doble"

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ALEXANDER LALUZ

Hacia mediados de 1971, el fisco británico ya había cerrado el cerco en torno a los Stones. No había mucha escapatoria, salvo al sur de Francia que, para Rupert Lowenstein, asesor financiero de la banda, lucía como un paraíso de castillos "seguros".

El consejo fue certero: autoexiliarse al menos por dos años. Y ellos decidieron seguirlo al pie de la letra. Las fortunas acumuladas, la leyenda, los excesos y la música, iniciaron así el camino hacia sus nuevos refugios galos y luego hacia una salvaje reunión en Villa Nellcôte, en la Costa Azul, donde gestaron -entre niños correteando, traficantes y una variopinta fauna de seguidores- toda una obra maestra: Exile on Main Street.

Casi cuarenta años después, este disco (que llegó a vender alrededor de 7 millones de ejemplares) tiene su cuádruple y merecido tributo. Tras una cuidadosa remasterización, será relanzado el 19 de este mes de mayo en dos formatos: en un disco compacto ("standard simple") y también como un álbum doble de lujo, que incluirá, además de las 18 canciones de la edición original, otras diez grabaciones hasta ahora inéditas y recuperadas de aquellas largas sesiones en el castillo Nellcôte.

Acompañando este próximo reencuentro con Exile on Main Street, la banda en sociedad con el director Stephen Kijak lanzaron Stones in exile: un documental de 90 minutos que reúne las filmaciones realizadas durante la grabación de este disco, más las entrevistas de rigor con este plantel de eternos jóvenes que ya han alcanzado los 70 años. Su primera exhibición fue el pasado martes, en el Museo de Arte Moderno (MoMa) de Nueva York, a la que asistieron especialmente Mick Jagger, Keith Richards y Charlie Watts. Y el pasado viernes, el público estadounidense tuvo la oportunidad de descubrir este histórico material en un programa especial emitido por la NBC, en una suerte de anticipo a su lanzamiento en DVD, que será en el mes de junio.

Ahora, el próximo desafío para la película de Kijak está agendado para el miércoles 19 de mayo, en el viejo continente y en el Festival de Cannes, donde tendrá su estreno formal. Los veredictos de la crítica y el público festivalero, serán, sin duda, servidos en un plato (más que) caliente para seguidores, coleccionistas y melómanos.

Pero la reactualización de esta obra parida en aquel salvaje autoexilio de 1971, también tiene su correlato internáutico. Desde la semana pasada, el sitio web de los Rolling Stones presenta a sus usuarios regulares nuevos contenidos, con un diseño y una tecnología también de estreno. Ya desde la misma página principal, la https://www.rollingstones.com marca una ruptura con el clásico formato de "página oficial" de una artista. Junto al anuncio del inminente relanzamiento de Exile..., se encuentra una nutrida serie de instrucciones para navegar por una suerte de enciclopedia virtual y buscar (y sí, ¡encontrar!) los datos y noticias más recientes de Jagger y los suyos, como las referencias históricas, discográficas y visuales más detalladas, de coleccionista. Otro material de referencia obligada.

excesos más excesos. Es probable que la disciplina y visión que esta empresa Stones muestra ahora no llame demasiado la atención. Y no faltará quien piense que la histórica imagen de locura y descontrol no se hubiera sostenido sin una capacidad de proyección comercial. Y es verdad. La fórmula fue y sigue siendo eficaz y eficiente: talento más bohemia más inteligencia, más el don de la oportunidad, da como resultado, otra vez, Rolling Stones.

En el pasaje de los años sesenta a los setenta, la banda fue una máquina imparable de creación. Doce discos de estudio hasta Exile..., que salió al mercado en 1972, documentan esa capacidad para sentar un paradigma musical, articulando con fluidez única un binomio clave para la música popular: performance-creación. No hay una sin la otra: componer en el mismo acto de la interpretación, interpretar en el mismo acto de crear. Como tampoco podrían existir esos textos poéticos, que van de la lírica más sutil a la vehemencia desgarradora, sin la inteligente absorción de patrones rítmicos sostenidos en tradiciones del blues negro, el rhythm and blues, el más blanco country, o las armonías y melodías que se entroncan con el gospel o incluso el jazz.

La palabra que casi instantáneamente llega a la mente es "fusión". La elucubración más detenida puede tentarse con "hibridación". No obstante, ninguna de las canciones que salieron de la dupla Jagger-Richards, sucumbieron en el facilismo mixturador (o triturador). Muy por el contrario: esas tradiciones, así como las formas de ver y escuchar contemporáneas, fueron llevadas a un diálogo y hasta una oposición, que en el gusto o disgusto del escucha, reconocen momentos de muy lúcida inspiración (y transpiración). Haber navegado, en profundidad o en superficie, por Exile on Mine Street, no deja duda alguna de ello.

Adosado a ese talento múltiple, el éxito Stones tiene, ya se dijo, el mérito del asesoramiento, la conducción, y hasta la arbitrariedad comercial. Fueron los sellos, fueron las productoras. Pero, allá en los setenta, también fue la astuta decisión de Lowenstein: las deudas con la administración laborista de Harold Wilson, más los altos impuestos daban otro resultado riesgoso: la quiebra. La alternativa, entonces, fue la huida, el exilio a Francia, al sur, a los castillos del lujo y el descontrol, al chateau de la Costa Azul alquilado por Richards, donde los recién llegados doblegaron la locura para abrir paso a 18 chispazos únicos.

Aquella experiencia ya no es leyenda. Hay documentos y no sólo testimonios. Stones in exile es, al final, el relato de la invasión de una legión de músicos, técnicos, traficantes y consumidores de todas las tallas y hábitos, a Villa Nellcôte, en Villefranche-sur-Mer. El grupo había buscado y rebuscado en los estudios profesionales de la región. Ninguno daba la talla, hasta que encontraron ese refugio, que congregó a los dispersos Jagger y su esposa Bianca, que estaban en Saint Tropez, Watts cerca de Avignon, Keith Richards y Anita Pallenberg justamente en Villefranche-sur-Mer, no muy lejos de Cannes y Niza.

El nuevo lugar y el antiguo edificio habían servido de cuartel para la Gestapo, en la Segunda Guerra Mundial. Y en ese momento, a mediados del 71`, pasó a ser el bunker de la banda. El clima entonces era otro: "En la casa siempre había gente. Entraba un tipo en el salón y ponía sobre la mesa dos grandes bolsas de heroína. Había drogas para desayunar, para comer y para cenar", cuenta Anita, la esposa de Richards. Aún así, esos excesos, que llevaban a otros riesgos, llegaron a buen puerto. Hoy, es difícil ponerlo en duda.

Volando en un "chateau" sureño

Jake Weber, hijo de un amigo íntimo de Richards, hoy actor profesional de Hollywood, también vivió para contarlo. En el 71` tenía 8 años, y conoció de cerca, entre correrías infantiles, todo el descontrol en Villa Nellcôte, y su testimonio en Stones in exile, es muy elocuente. Todos estaban sumidos en un viaje interminable: drogas para el desayuno, el almuerzo, la cena. El caos, teñido de la inefable opulencia roquera, dificultaba los ensayos del grupo junto a los músicos invitados (Billy Preston, entre ellos), o las oleadas de amigos. "Raro era el día en el que no había más de cuarenta personas a la mesa a la hora del almuerzo, y lo curioso es que eran diferentes cada día", contó Mick Taylor. "Bajar allí (a la sala acondicionada para grabar) daba un poco de miedo. Había alcohol y mucho humo", cuenta Jake Weber. A todos les costaba concentrarse para dar con las ideas justas y que valieran la forma de una canción. Pero, chispa o iluminación mediante, después de varios fracasos, Richards o algún otro (menos Jagger, que estuvo muy incómodo todo el tiempo) lograba reincorporarse, mirar fijamente a otro compañero, y dar con la nota en el momento y con el balance justo. Esos momentos armaron este Exile, que hoy descubre otras 10 gemas inéditas, brillantes.

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