Los resultados de las elecciones municipales han sido tan sorpresivos como refrescantes. Los mismos se prestan para hacer varias lecturas.
Primeramente, quedó clarísimo el rechazo popular al tema de las alcaldías, sobre todo en Montevideo. Esa reforma, votada entre gallos y media noche, nada más que por un capricho del ex presidente Vázquez, es evidente que no llegó a la gente. Si lo del domingo hubiera sido un plebiscito sobre el tema, la derrota hubiera sido aplastante.
Un segundo aspecto es el grado de sofisticación de los votantes para separar la política nacional de la local, algo de lo que deberían tomar buena cuenta las empresas encuestadoras (otras de las que salieron golpeadas el domingo).
Hay casos que son paradigmáticos. En Soriano, para la elección nacional blancos y colorados unidos de hecho tras la candidatura del Dr. Lacalle, perdieron feo con el Frente Amplio. Sin embargo en esta ocasión, tan solo el candidato nacionalista Guillermo Besozzi logró más del 45% de las preferencias. Para tomar nota.
Y, finalmente, el duro golpe sufrido en Montevideo por la "doctrina heladera". El 45% obtenido por Ana Olivera, contra el casi 60% logrado por Ehrlich en la elección pasada es un aviso importante contra la soberbia que ese partido ha venido mostrando en la capital.
Si bien se podrá alegar que esos votos perdidos no hicieron trasvase masivo a la oposición, es una alerta de que un número creciente de montevideanos no está de acuerdo ni con la gestión, ni con el modo que se determinó esa candidatura.
Habrá que ver qué partido hace la lectura más acertada de estos resultados removedores. Ese será el principal ganador de esta jornada electoral.