DANIEL HERRERA LUSSICH EN WASHINGTON | CORRESPONSAL PERMANENTE
La agitada época política, la llegada del verano, pueblan de publicaciones las librerías: cuando Yeltsin se paseaba en calzoncillos, Bush abría la puerta al revés y Obama "borra" a los periodistas. Se discute el carácter y simpatía de los últimos mandatarios.
La proximidad de las vacaciones con la llegada del verano en el hemisferio norte, la agitada vida política estadounidense, elecciones legislativas en noviembre y una avalancha de libros, autobiografías de ex presidentes, ex primeras damas, de figuras de primer plano en todos los terrenos, han precipitado la aparición, con "bombos y platillos" publicitarios, de cientos y cientos de libros que inundan las grandes mesas a las entradas de las más conocidas librerías.
Unos relatan vidas en forma documental, acumulan fechas y datos, otros suman informes, pero están también los que conjugan relatos propios desde el más alto cargo de gobierno con sabrosas anécdotas en las trastiendas de la Casa Blanca o del Congreso, los entretelones de visitas de lideres y mandatarios extranjeros. Todo surge en pocos días. Hay publicaciones oportunas, de solo 50 páginas, que no quieren perder el momento de la reciente y explosiva historia, hasta los tomos con más de mil páginas, con fotografías y sabrosos prólogos.
Ahora, la atención del lector estadounidense se centra en Barack y Michelle Obama, los Clinton, Bill y Hillary, que no dejan nunca de estar en los principales escaparates, los Bush, que aparecen en el primer plano y luego ingresan en un extraño anonimato y los que buscan un lugar sobre esas mesas de "best sellers", como la ex candidata republicana, Sarah Palin, flamante autora de su biografía o Joe Biden, el vicepresidente, sonriente infalible ante una cámara.
Todos son parte de la vida de Estados Unidos de los últimos 20 años. Unos intentan quedar como documentos históricos, otros llenar la avidez de lectura amena, con cierta picardía, de los millones de lectores, que se agolpan en las librerías, buscan y compran por Internet o por los libros electrónicos. Hay amplios informes y aparecen en todas las vías, las tradicionales del papel y la tinta y los últimos adelantos tecnológicos.
Escuchamos y observamos en uno de los canales de televisión locales, en DC, un informe sobre viejas anécdotas, que nunca dejan de provocar la sonrisa, cuentos que habíamos olvidado junto al anuncio de las nuevas publicaciones.
En éste programa se analizó la simpatía, entre los americanos (se dieron encuestas y opiniones personales de los columnistas televisivos) hacia los Clinton, los Bush y obviamente sobre los Obama. Los laureles de atracción por alegres, buen humor y personalidad atractiva se los llevó Bill Clinton. Hubo muchos fanáticos de Hillary, la actual secretaria de Estado, pero también los que la resisten, critican y califican de "poco simpática". En general, los "dardos" llegan desde tiendas periodísticas.
CRÍTICAS. A pesar de los sonados escándalos, en su momento, Bill es siempre centro de atracción, Hillary, en el papel real, una víctima, tiene su resistencia. Realidades difíciles de descifrar. Unos lo adjudican a la época de las idas y venidas con el tema de Mónica Lewinsky. Pero oyendo a los ácidos críticos no se justifica la razón de la agresividad con Hillary porque rehuya hablar del tema y muchas veces actuaba de mal talante ante el asedio de las cámaras y los micrófonos.
George W. Bush, hoy muy "jaqueado", blanco de protestas y "acusado de todos los males" que vive el país, la gente de prensa cuando recuerda anécdotas suyas de la época de gobernador y luego presidente, termina reconociéndole "un excelente buen humor y talante para recibir y relatar chistes". No olvida sus bromas, sus pasos de baile, tonadas del oeste, año a año en las cenas de camaradería con el periodismo nacional. Igual papel se le adjudica a su esposa Laura Bush.
Los Obama dividen opiniones. La mayoría los admira por su empuje, su atractivo político, el carisma de los discursos de ambos, tanto el presidente como la primera dama, también graduada en Harvard con altas calificaciones, hoy en un segundo plano obligada. Pero no se caracterizan por una simpatía desbordante. Se les ubica en el sector de "demasiados serios" y "secos", es la palabra que mas los definen. "Es una figura que despierta admiración por su facilidad de palabra en los discursos, en las charlas, pero en su casi discreta figuración cuando llega la hora de hablar en una reunión social. Observa, escucha e interviene poco.
Una de las anécdotas, que habíamos escuchado años atrás, que nos provocó enorme gracia, estuvo referida a la visita de Boris Yeltsin cuando Bill Clinton era el presidente. Yeltsin, entonces primer presidente de Rusia, famoso por su afición al alcohol, muy simpático, como huésped oficial en momentos bastante polémicos para el mundo, se alojaba en la "Blair House", la casa de visitantes ilustres ubicada frente a la Casa Blanca, atravesando la avenida Pennsilvania.
Yeltsin, luego de una comida de protocolo, cruzó a su residencia. Y allí, solo, sus custodios descansaban, bajó a la bodega y se "apasiono" con los mejores vinos. Al buen rato se encontraba totalmente ebrio y empezó a recorrer la mansión, incluido un sector destinado a Museo. Los guardias, que en principio no lo reconocieron, tuvieron una pequeña polémica. Cuando percibieron de quién se trataba intentaron una y otra vez dirigirlo hacia los dormitorios. Pero Yeltsin, vestido solo con calzoncillos a rayas, siguió paseándose de un lado a otro con la botella en la mano. De pronto se le ocurrió comer una pizza y salió a la escalera de la casa y empezó a gritar: ¡taxi, taxi!, nadie se detenía. Los pocos caminantes, sin reconocer mucho al protagonista, miraban con asombro. Finalmente, un guardaespaldas ruso, logro dominar los deseos de más alcohol y pizza de Yeltsin e hizo que se retirara a descansar. Las fotos del día siguiente, cuando los dos presidentes, Yeltsin y Clinton, participaban de la primer ceremonia del día y recién le habían hecho el relato de lo sucedido al mandatario americano, todas exhiben las risas del festejo de Clinton con lo que no era más que un gracioso suceso anecdótico. El presidente ruso se había exhibido en ropas menores, coloreadas, ebrio, en pleno corazón de Washington DC, intentando con esfuerzo comer una pizza estadounidense.
AL REVÉS. Otra que contaron y que tomó estado público ocurrió cuando George W. Bush en una recepción se levantó de la mesa en busca del baño. Iba distraído y llegó a una puerta que abría hacia un lado solo. Y Bush repetidamente intentaba hacerlo en sentido contrario y la puerta, obviamente no se movía. El inquilino de la Casa Blanca disimuladamente daba unos pasos de retorno, recordaba que debía ir al baño, volvía y la puerta seguía resistiéndose. Finalmente, un mayordomo se percibió de la situación y facilitó que la puerta lo dejara pasar. El mal momento para Bush ocurrió al día siguiente: un fotógrafo de "The Washington Post" con la cámara pronta lo observó y tomo varias notas, que aparecieron en la primera página del matutino, mostrando a Bush con cara de disimulado tirando del pestillo hacia el lado equivocado.
Hoy, George W. Bush da los últimos retoques a un libro que se titulará "Puntos de Decisión" y tomará los 14 aspectos centrales de sus dos mandatos de gobierno. Va desde la primera elección en el 2000, los momentos vividos en el Air Force One luego de los atentados del 11 de septiembre, la guerra de Irak, el huracán Katrina y detalles de su vida persona, cuando dejó la bebida totalmente, el descubrimiento de la fe y lo que considera logros de su gobierno. Laura Bush, esta semana que empieza, también dará a publicidad un libro "Hablando desde el corazón", dónde relata episodios de su juventud hasta los últimos días del mandato de su marido, al que defiende diciendo que es "objeto de injustos ataques y que llegará la hora de la verdad".
Los Obama y los medios: entre cordialidad y relaciones tensas
Los libros, autorizados y no autorizados, de la vida de Barack y Michelle Obama en éstos momentos inundan las librerías, sobrepasan a todos en las ventas electrónicas y también acaparan la atención diaria de la prensa. En la actualidad, las relaciones con los periodistas están muy tensas. Hay una gran diferencia con los primeros meses dónde se informaba de cada paso que daba la familia, desde temprana hora hasta lo que servían en la cena. Hoy se ha "cortado" bastante ese camino y aún a los corresponsales acreditados ante la Casa Blanca se les remite solo al recinto de las conferencias de prensa y se les ofrece la actividad de gobierno o social del presidente y la primera dama, una vez ocurrida por voz de Robert Gibbs, el vocero oficial, o de comunicados y las fotos, provienen del reportero gráfico oficial de la Casa Blanca. Las iras se han desatado por parte de los periodistas que llegan a la residencia presidencial casi al alba y se retiran de noche, la mayoría de las veces con solo un comunicado en sus manos. Estos cambios se registraron luego de la derrota sufrida en la puja electoral por la banca del Senado por Massachusetts, cuando después de 40 años de ser dominio de los Kennedy y la muerte de Ted, triunfó el republicano Scott Brown. Parte de la culpa la adjudican a los periodistas.
Otro capitulo que ha ocupado las primeras planas es el referido a las ganancias de los Obama en el 2009, de 5.500.000 dólares. La mayoría de ellos ingresaron por el salario presidencia y los libros escrito por Obama. Pagan de impuestos 1.792.414 dólares.