Las historias y el folk narrado del estoico Bill Callahan

"Rough travel for a rare thing", un gran disco en vivo

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SEBASTIÁN AUYANET

Algo curioso es que Bill Callahan no haya empezado como Bill Callahan. Con el seudónimo Smog fue que este cantautor estadounidense comenzó a escribir y a cantar a pesar de no tener un rango que permita notas altas. Lo de Callahan es hacer énfasis en la palabra justa dentro de sus historias de padres violentos, hombres misóginos o familiares ausentes.

Fueron once los discos que editó desde 1990 con ese seudónimo y con esa voz tan personal que muchas veces se desmarcaba de la entonación para centrarse en su centro vital: las historias. No por nada es uno de los cantautores preferidos de los escritores -así lo dicen varios medios de su país y de Inglaterra- y no por nada comenzó a hacer sus primeras canciones casi que prescindiendo de las armonías y melodías y con guitarras disonantes.

Pero hace dos discos que Bill Callahan es Bill Callahan y esto no es poca cosa. Smog quizá fue una nebulosa larga y difícil de descifrar. En sus discos firmados por esa entidad que también gustaba bastante del humor negro cuenta con cierto estoicismo esas obsesiones y transmite una sensación de depresión difícil de sacudirse, siempre con la palabra exacta.

La distancia entre cualquiera de esos trabajos y este disco en vivo deja de ser sutil si se tiene en cuenta esta diferencia, también apreciable en el ánimo que transmiten sus dos discos firmados con el nombre que lleva en la cédula. Es que ahora Callahan es uno más, o así parece. Tanto en Woke on a Whaleheart (2007) como en Sometimes I wish we were an eagle (2009), Callahan aparece más luminoso y suelto que bajo la entidad que lo hizo conocido entre otras cosas por la canción que se coló en la banda de sonido de la película Alta fidelidad.

Es una injusticia para con este registro en vivo decir que el mejor momento es en esa canción, Cold blooded old times, pero lo es. En realidad, todos los regresos de Callahan a Smog durante este concierto acústico son aciertos. Pero lo mejor, aparte del notable acompañamiento de cuerdas con aire unplugged que le cae a medida, es escuchar a Callahan interpretarse, cambiando velocidades y frenando su voz contra las melodías. Es, sin más, un disco para sentarse a escuchar de un tipo que ha llevado sin problemas eso de ser un perdedor de la canción folk.

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