La noche que Rospide volvió al Armonía

Después del secuestro. El ex corredor de Bolsa volvió a reunirse con sus amigos y les contó cómo fue su peripecia La Policía todavía busca al delincuente que está prófugo y votó por matarlo

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RENZO ROSSELLO

Es casi la misma hora. La diferencia es que ahora Rospide está rodeado por sus amigos y cuenta la peripecia. Las 27 horas que le cambiaron la vida. Es jueves, en el Club Armonía.

Alberto Texeira dice que este jueves hay más luz que aquella noche del 18 de marzo. "Yo no me enteré de lo que había pasado, pero esa noche tuve como un mal pálpito, cuando bajé del auto sentí miedo porque estaba todo muy oscuro, me llamó un poco la atención", dice el profesional salteño.

Esta noche el estacionamiento del club sobre la rambla Wilson, frente a las canteras del Parque Rodó, está repleto. Hay un cuidacoches, pero no personal de custodia. Fue en el ángulo más en penumbras de la playa de estacionamiento donde los tres secuestradores sorprendieron a Ignacio Rospide alrededor de las ocho y cuarto de aquel jueves. Este jueves 8 de abril, como aquél, son muy pocas las personas que pasan por allí a esa hora. Tan sólo algunos corredores que hacen su circuito por la ancha vereda de la rambla, concentrados en su carrera o aislados en sus Ipod.

Adentro, una veintena de hombres rodea a Ignacio Rospide. Las risotadas se oyen casi desde la escalinata que baja a las instalaciones del club.

El ex corredor de Bolsa intenta contar lo que ocurrió esa noche, pero las interrupciones son constantes.

No faltan los comentarios "expertos" en operativos antisecuestros ("che, pero si los tipos vieron que había policías, entonces lo hicieron horrible el operativo"), los incrédulos ("¿pero en serio hacían las llamadas desde los celulares de ellos?"), los desconsolados ("y pensar que ese cretino nos engañó a todos"), los de abierta burla ("Gaucho, con toda la guita que te ahorraste bien podrías pagar vos toda la vuelta"). Y también son constantes los llamados a silencio: "Déjenlo terminar", "shh, callate que está contando".

Y así pasa casi toda la primera hora de la reunión en el club Armonía. Esta noche no hay asado, sólo una picada con whisky, vino y refrescos. Es la primera noche que se reúne el círculo de amigos después del secuestro del ex presidente de la Bolsa de Valores.

"Hoy vino más gente, todos querían saludarlo a Rospide", explica el ex juez Rubén Eguiluz, un veterano del Club de Pesca Armonía.

El "todos" incluye, por ejemplo, al empresario Óscar Magurno, a los generales Francisco Wins, Daniel García y Pedro Barneix, al también ex juez José Balcaldi, el abogado Juan Curbelo, el empresario Mario Bonanata, o el hacendado Fernando Mattos entre las casi 40 personas presentes esa noche. A diferencia de la otra reunión, no fueron esa vez los ex senadores frenteamplistas Alberto Cid y Leonardo Nicolini, ni el ex diputado Javier Salsamendi.

VIVIR PARA CONTARLA. "Estoy haciendo una vida normal, yo no puedo vivir encerrado, así que sigo saliendo a caminar, voy a la Tienda Inglesa, me doy una vuelta por la oficina, hablo con los clientes, y vengo acá, con los amigos", resume con sencillez Ignacio Rospide.

Aunque el empresario reconoce que pasó miedo en determinado momento, no rehúye hablar del episodio. "Uno piensa, menos mal que no eran más que delincuentillos porque bien podría no estar acá hoy, contando el cuento", dice.

De los implicados en su secuestro, Rospide sólo conocía al malogrado empresario inmobiliario M.C.R., que nunca se apareció por la panadería en el barrio Hipódromo de San José de Mayo. En cambio, sí recuerda a los hombres que lo llevaron. "Eran corpulentos, y uno de ellos estaba armado, yo lo vi claramente", dice.

El secuestrador armado, según las deducciones de Rospide, no era otro que el aún prófugo Osvaldo Furtado, quien se mostró como el más peligroso del cuarteto de secuestradores. Cuando les relata los pormenores del episodio a sus amigos, la memoria de Rospide es tan precisa como cuando declaraba ante el juez Daniel Tapié. De hecho, las preguntas de sus amigos son casi las mismas que debió contestarle al magistrado, a la fiscal y a los investigadores del Departamento de Delitos Complejos.

-En determinado momento me dijeron: perdimos, te vamos a dejar libre, pero no vamos a cobrar nada.

-¿Y en ese momento, no pensaste que te podían liquidar?- pregunta uno de sus amigos.

Rospide intenta explicar que, aunque sintió un vago temor, esa idea no le cruzó por la mente.

El momento de la liberación fue casi tan tenso como el de la captura.

-Yo viajaba en el asiento de atrás, me habían tapado la cabeza, y en un momento el que manejaba me dice: vamos a pasar por un control policial, así que vos quietito. Y yo les dije: pero miren que yo no tengo ni documentos, porque los había dejado en la camioneta. No pasa nada, vos hacete el enfermo, me dijo el tipo.

El control, concretamente el peaje del Santa Lucía, pasó sin problemas. A Rospide lo volvieron a tender en el asiento trasero y a taparle la cabeza con una remera. Al llegar a Pocitos, muy cerca de su casa, por fin lo dejaron en libertad.

-Yo todavía les dije: no me vayan a dejar lejos, porque no tengo ni plata para un taxi.

-¿Cómo que no tenías plata y cómo pensabas pagar el asado esa noche?- bromeó otro amigo.

-Llevaba como siete mil pesos encima, pero desaparecieron- respondió.

-¡Ah, viste! Entonces pagaste el rescate nomás.

La broma es festejada por todos, pero los más expectantes vuelven a pedir silencio.

-Entonces me hicieron bajar del auto. Yo no podía ni moverme ya, uno de ellos me tuvo que sacar, prácticamente. Todavía llevaba la cabeza tapada, así que me agarró del brazo y me hizo cruzar la rambla.

-¿Con la cabeza tapada, Gaucho? ¿Pero y nadie vio nada?

-Eran como las doce de la noche, a esa hora no había nadie en la rambla. Después me enteré que la Policía tenía todo vigilado, incluso tenían hasta francotiradores en los techos.

EL TRAIDOR. "Y pensar que hasta vino a mi cumpleaños, se me apareció con una botella de whisky de regalo. A mí nunca me cayó mucho, era muy meloso, me trataba de usted siempre, me mandaba mensajes de respeto como si yo fuera quién sabe qué", les contaba un empresario a sus amigos en una de las mesas de la terraza del Armonía, mientras la reunión se había disgregado en pequeños grupos.

El tema de conversación era el empresario que planeó el secuestro. Hasta aquel día, M.C.R. se había mostrado como un hombre de negocios con los problemas comunes a muchos de sus colegas. "No sé, era raro. Esa noche pasó llorando que no tenía plata y al rato salió con que al otro día se iba a Paraguay a comprarse un auto", comenta otro de los asistentes.

"¿Te acordás que te había pedido trabajo, Gaucho?", recuerda otro durante la conversación. "Y, claro, como no le consiguió laburo le pidió dos palos", corta otro, antes de que el aludido pueda responder.

La implicancia de M.C.R. en el caso cayó casi tan mal como el mismo secuestro en el círculo de amigos. Muchos se refieren a él con dureza, los más veteranos con perplejidad. El propio Rospide menea la cabeza con pesadumbre, sin hacer mayores comentarios.

El empresario inmobiliario, aunque tenía sus negocios en San José, residía en Malvín desde hacía tiempo. Se había ligado al Club Armonía desde hacía unos tres años, cuando Mario Bonanata lo presentó a sus amigos.

"Se ha extendido mucho la idea de que esto es algo así como una logia cerrada, hubo periodistas que dijeron que acá se corta el bacalao, pero esto no es más que un círculo de amigos que se reúne para pasar un buen rato", explica Rubén Eguiluz. "Es posible que esa misma idea sea la que lo llevó a este hombre a acercarse al Armonía, creyendo que acá estaría más cerca del poder, no sé, es difícil saber qué pensaba en realidad", agrega el ex magistrado.

HASTA EL JUEVES. Pero la noche sigue en el Armonía. Muchos de los que llegaron para saludarlo a Rospide y brindar con él se van temprano. Ya es de madrugada cuando el ex rehén y sus amigos, finalmente, se despiden. El mal momento ya pasó, pero el empresario recuerda que no sólo fue un mal trago para él. "Yo pienso, cómo hizo mi hijo cuando iba con la plata en una maleta con un chip y un policía al lado, ese momento fue bravo", le comenta a los demás.

Rospide dice que retomará su vida con normalidad, que no piensa cambiar sus hábitos y, de hecho, fue el primero en estar de acuerdo con volver a hacer la reunión en el club.

CASO ABIERTO. El caso sigue abierto y todavía hay un prófugo. Los interrogantes que persisten -¿por qué lo planearon tan mal?, ¿por qué lo liberaron sin cobrar nada?, ¿por qué un procesado habla de autosecuestro y el otro no?- podrían disiparse en pocos días.

El Departamento de Delitos Complejos continúa trabajando, aunque ahora con la mira puesta en Osvaldo Furtado. Para los investigadores es vital poder cerrar todo el caso, dado que quien aún no pudo ser interrogado es un delincuente con varios antecedentes y se tiene presente el factor de peligrosidad que representa.

Furtado, hermano de crianza de otro indagado que quedó en libertad, S.V., es parte de la mano de obra que M.C.R. y el panadero (y analista de sistemas) H.B. "contrataron" para llevar a cabo la operación.

Los investigadores están convencidos de la implicancia de S.V. en el caso, aunque no se hallaron pruebas para procesarlo en primera instancia. Estiman que tal vez el grado de compromiso haya sido menor, pero no es el caso de Furtado.

En determinado momento se manejó la posibilidad de que hubiese abandonado el país, concretamente que hubiese huido hacia Argentina, pero ello está casi descartado.

En otro extremo del caso, se espera por los defensores de H.B. que esgrimieron la hipótesis del autosecuestro, cuando presenten la apelación. El propio juez abatió esa tesis en su reciente fallo.

Momentos clave del episodio

SECUESTRO. Sobre las 20.15 del jueves 18 de marzo Ignacio Rospide es secuestrado por tres hombres en el estacionamiento del Club de Pesca Armonía. Esa misma noche tienen tres contactos telefónicos con la familia del ex corredor de Bolsa.

LIBERACIÓN. Cerca de la medianoche del viernes 19 Rospide es liberado a dos cuadras de su casa en la rambla de Pocitos. Habían pedido US$ 2 millones, pero no cobraron nada de rescate. Los delincuentes se atemorizaron al filtrarse la noticia en la televisión.

CAPTURA. El lunes 31 de marzo la Policía detiene a 10 personas. Entre ellos al empresario M.C.R. y al panadero H.B., a la postre procesados. Otro implicado, S.V., queda libre, Osvaldo Furtado continúa prófugo.

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