IGNACIO DE POSADAS
Cuando Vaticano II, en plena efervescencia de cambio, se decía frecuentemente que no debía confundirse el ropaje con el mensaje y el consejo viene al pelo hoy, para aquellos que se han lanzado a preconizar la idea de mutar los dos Partidos Fundacionales en uno, que llaman "nuevo".
Justamente, nuevo es lo que esta idea no es y la experiencia histórica al respecto no fue buena.
Se usa a Chile como ejemplo (¡también en esto!) y se hacen varios argumentos, que analizaré en el reducido espacio de este artículo.
Primero, uno coyuntural y de escaso contenido: las Municipales que se vienen: o se juntan Blancos y Colorados o perderemos varias Intendencias. Que sea probablemente lo último no valida la premisa. Si la gente no la acompaña, responsabilidad será de los votantes.
Además el problema electoral, sin llegar a algo tan fuerte como la desaparición de partidos con siglo y medio de historia y, por último, es tarde para todo eso.
De cualquier manera, el invento de las Alcaldías va a hacer de las Municipales un gigantesco abacaxí, como dicen los brasileños.
Segundo argumento es, más o menos así: "total, si son iguales".
No, no lo son. Obviamente que no están en las antípodas uno del otro, ocurrencia frecuente en los sistemas políticos maduros y estables, pero tienen diferencias.
En sus raíces históricas y sus tradiciones, para empezar. Lo que no es poca cosa. "La gente está podrida del poncho y del sobretodo". Quién sólo ve eso en la tradición de los partidos no entiende mucho del ser nacional y probablemente se cuente entre los que también creen que el Uruguay es un invento, el país-tapón, sin verdadera razón de ser como nación independiente. Porque los Partidos Fundacionales son precisamente eso, parte esencial de la gestación Oriental.
"Nada" viene de "nacer" y fueron Blancos y Colorados los parteros del Uruguay.
La cosa no se agota ahí, en las raíces emocionales. Hay también visiones distintas, que vienen del fondo de la historia. Sobre el hombre y su libertad, sobre la relación con el poder, sobre la sociedad en primacía frente al Estado.
Así como hay vetas culturales distintas, de los equilibrios entre la libertad del ser humano y su igualdad con los demás, de un sentido especial de la generosidad a extremos quijotescos y también de una indisciplina levantisca.
Que algunos, frente a derrotas electorales, o haciendo un análisis coyuntural de la cultura política dominante, quieran soltar todo ese bagaje para ir a disputar votos en el centro-izquierda vistiéndose de gris, no significa que haya ausencia de valores diferenciales.
Ni siquiera significa que, desde un punto de vista estrictamente electoral, esa idea vaya a ser exitosa.
Lo que nos lleva al Tercer Argumento: "si no se unen, no le pueden ganar al Frente".
Obviamente que yo quiero ganarle al Frente. Pero no de cualquier manera. Porque, en definitiva, lo que realmente quiero no es hacer perder al Frente, sino que prevalezca una paleta de ideas y valores, mayoritariamente diferente a la de ese partido.
Armar un mangia con tutti para ganar por ganar no le sirve al país.
En realidad, lo que subyace a estos argumentos son dos razonamientos, a mi juicio, muy negativos y hasta peligrosos.
El primero es que, al final de los finales, los partidos fundacionales carecen de contenido, son meras comparsas electorales y entonces más vale tener una sola; y el segundo es de que para ganar la elección hay que volcarse hacia la izquierda.
Entre ambos dan justo el resultado que no debería darse: un país políticamente gris, en el cual, para peor, habría una opinión "progre" en papel original y una fotocopia. ¿Imaginen a cuál votará la gente?
Hablando ahora expresamente como Blanco: ¿qué habría sido del Uruguay si durante la mayor parte del Siglo XX el Partido Nacional, frente a una cultura batllista dominante en el país, hubiera hecho el mismo razonamiento, de mimetizarse para no seguir en la oposición?
Porque dentro de mi Partido, en cuanto se cuenta el último voto de las Municipales, se abrirá y con la intensidad que caracteriza a los blancos, las dos vertientes de discusión "perdimos por estar demasiado a la derecha" y "para ganar tenemos que fusionarnos con los Colorados".
El país y el partido se merecen y precisan otra discusión: ¿qué necesita el Uruguay? ¿Puede eso darlo el Partido Nacional ?