Confesiones, bolas de nieve y persianas

MATÍAS CASTRO

En cuestión de una semana Ricky Martin logró dar vuelta el tablero, o al menos una parte de él. Hasta hoy se sigue discutiendo si su revelación fue una verdadera novedad, si fue necesaria o si no lo fue. Con unas pocas palabras despejó todas las dudas que podían haber y terminó con los rumores que venía enfrentando desde hace años.

Casi como si fuera el caso del golfista estadounidense Tiger Woods, el de Martin ha desatado una verdadera catarata de rumores y especulaciones de todo tipo. Para empezar se le han adjudicado unos cuantos novios en pocos días. Y en toda esta oleada que ha surgido, han aparecido unos cuantos individuos que solo buscan subirse al carro.

Por ejemplo, ¿cuánta gente se acuerda del argentino Pablo Ruiz? Una vez que pasó su cuarto de hora en el mundo de la música, hace casi una década, el cantante no ha hecho nada demasiado notorio. Hasta que el martes anunció que había coqueteado con Ricky Martin hace unos años en una fiesta privada en México. También apareció Adolfo Cubas, un actor venezolano, quien dijo a la prensa que tuvo algo más que un coqueteo con Ricky. Mientras tanto, en Estados Unidos, el blogger Perez Hilton afirmó que el verdadero novio de Martin en la actualidad es quien hasta ahora aparecía como su representante. Se trata de Carlos González, un puertorriqueño de 33 años que hace ya tiempo trabaja con él.

En cualquier caso, ninguna de estas versiones tiene que ver con la declaración de Martin, aunque si se piensa con distancia, eran inevitables. Con la enorme proyección mediática que tiene, las especulaciones entorno a su figura son enormes, y eso lo sabe (o lo debería saber) él mismo antes que nadie, ya que lo ha vivido como protagonista. Su confesión ante el mundo apareció como un intento de hacer las pases con los rumores y, por fin, poder estar en su casa con las persianas levantadas sin temor a los paparazzi. Pero el efecto ha sido una gran bola de nieve repleta de rumores.

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