Los temas vinculados a la dictadura cubana hacen eclosión en apurado tropel. No bien queda en evidencia un nuevo hecho vergonzante del que es responsable la tiranía de los Castro, surge otro. Ahora tenemos el gesto de Raúl Castro. Acaba de decir que no cederá al "chantaje".
¿A qué se refiere? Ni más ni menos que a los reclamos mundiales de que libere los presos políticos, entre los cuales hay uno, Guillermo Fariñas, que hace 40 días viene deteriorándose por efecto de la huelga de hambre que realiza. Esto es lo que Raúl Castro dice: "no cederemos jamás al chantaje de ningún país o conjunto de naciones por poderosas que sean, pase lo que pase".
Lo dice después de haber dejado morir a Orlando Zapata, por lo que fue aplaudido por los comunistas del resto del mundo, que en actitud deprimente, trataron de descalificar al muerto alegando que era un "preso común". Mientras tanto, Fariñas afirma: "Ahora más que nunca hay que continuar la huelga y morir con dignidad". Son sucesos trágicos, conmovedores, de evidente violación de derechos humanos, que se ven agravados por la altanería de la cúpula gobernante de La Habana.
Pero el final se acerca inexorablemente. Si cayó la dic-tadura comunista de Alema-nia Oriental, si fue tumba- do el Muro de Berlín, si después de setenta años de opresión se diluyó el imperio soviético, ¿cómo no va a terminarse esta farsa de la "revolución" cubana?
La burocracia comunista que, disfrazada con uniformes verde oliva, viene viviendo hace 50 años de una propaganda tan falaz como la de Goebbels, está al borde del abismo. Sus víctimas de hoy serán, afortunadamente, las últimas en una demasiado larga lista.