A mediados del año pasado, la opinión pública internacional se vio sacudida por denuncias de fraude en las elecciones presidenciales de Irán a las que siguió una dura persecución a las fuerzas opositoras, donde no estuvieron ausentes una ola de detenciones e incluso asesinatos a jóvenes, en las calles que pasaron relativamente desapercibidos. Superando una campaña nuclear armamentista, que desatendió las advertencia de ONU, ahora ha venido a confirmarse, de acuerdo a lo informado por Amnesty Internacional, que más de tres centenares de presos fueron ejecutados después de la segunda vuelta de las elecciones y que varios de ellos eran menores de edad.
Lo que sigue llamando la atención es como algunos gobiernos estrechan lazos con un régimen de estas características.