La condena internacional tras darse a conocer los atentados, no se hizo esperar.
"Nada puede justificar semejantes ataques contra civiles inocentes", afirmó el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen.
"La Unión Europea apoya firmemente a Rusia para combatir al terrorismo bajo todas sus formas", indicó por su lado la jefa de la diplomacia europea Catherine Ashton.
La canciller alemana Angela Merkel recibió con "consternación y horror" la noticia.
Y el presidente francés Nicolas Sarkozy condenó esos atentados "odiosos" y "cobardes".
En un telegrama a Medvedev, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, expresó "toda la solidaridad y afecto" de "la sociedad española, que ha venido sufriendo durante años los estragos causado por la barbarie terrorista".
También el primer ministro británico Gordon Brown envió a Medvedev un mensaje de condolencia.
Los atentados del lunes, los más sangrientos cometidos en la capital rusa desde 2004, tuvieron lugar en dos estaciones de una misma línea, pero las otras líneas del metro de Moscú, que diariamente transporta a 8,5 millones de personas, seguían abiertas aunque bajo fuerte vigilancia.
En los últimos meses, las fuerzas rusas multiplicaron las operaciones militares contra rebeldes islamistas en el Cáucaso Norte, matando a muchos de sus dirigentes.
Moscú registró en los últimos diez años una serie de explosiones mortales reivindicadas por militantes de la causa chechena -una república del Cáucaso-, pero en los últimos tiempos los atentados fueron menos frecuentes.
El último ataque importante en el metro de Moscú se produjo el 6 de febrero de 2004, entre las estaciones Avtozavodskaya y Pavelestakaya, con un balance de más de 41 muertos y 250 heridos. (AFP)