Sin medias tintas

Javier García

Dos pronunciamientos de esta semana son ejemplo de como el pasado llama a la puerta. No deberíamos permitir que el pasado divida a los uruguayos, pero una pesada carga ideológica de los dirigentes oficialistas los ata al ayer.

Obligados por la presión de debatir en el Parlamento una declaración de condena sobre la muerte en Cuba de un preso político, Zapata Tamayo, la Mesa Política del FA sacó una increíble proclama. Zapata, que prolongó su huelga de hambre hasta la muerte, estaba preso por opinar diferente al régimen. Sin embargo la dirección frentista definió esto como "la lamentable muerte de un ciudadano cubano recientemente publicitada". Pobre Zapata, para la mesa Política del Frente ahora además de muerto es NN. Una parrafada sobre una pretendida defensa del principio de autodeterminación de los pueblos justifica este tartamudeo inmoral.

Si el principio de autodeterminación llegara al extremo de callar ante la violación de los derechos humanos, los uruguayos no hubiéramos contado con la solidaridad de los países democráticos cuando aquí se violaban en dictadura y esa presión lograba, muchas veces, salvar vidas de compatriotas. En aquel entonces la solidaridad de España o de México, y de tanto otros países, no era una injerencia salvo para los déspotas de turno.

Decenas de personalidades del mundo entero condenan la muerte de Zapata, incluso mujeres y hombres de la política y la cultura, como Pablo Milanés, que antes aplaudían el régimen cubano, le han dicho basta. El Parlamento Europeo lo ha repudiado. No se puede andar con medias tintas. El Frente Amplio no ha entendido que se puede repudiar el bloqueo al que está sometido Cuba y al mismo tiempo condenar las violaciones a los derechos humanos en la isla. El régimen cubano tiene dos aliados: el bloqueo norteamericano y los silencios hipócritas.

Ni las ayudas que puede recibir el gobierno ya sean oftalmólogos cubanos, o lo que sea, pueden justificar posiciones tan arrastradas. Las mismas ataduras a un pasado lleno de dualidades se hicieron presentes en las declaraciones del Ministro Rosadilla que afirmó que "no siempre" la ETA es terrorista y que en el caso de las FARC no tiene claro si son terroristas.

Uno y otro, todo el mundo sabe y el ministro también, fundamentan su poder en la capacidad de hacer daño e infundir temor. No son sus discursos ni sus proclamas sino sus métodos los que los califican como grupos terroristas. En el caso de las FARC, además, su vínculo con el narcotráfico está plenamente demostrado y su ideología es un signo de pesos vinculado al delito organizado.

ETA atenta contra ciudadanos españoles y las FARC colombianos, ambos pueblos hermanos, presididos por gobiernos democráticos. Ni el pasado de un jerarca ni de muchos integrantes del gobierno debería pesar sobre conceptos tan obvios ni nublar sus declaraciones al extremo de esta barbaridad.

Ser progresista antes que nada es ser democrático en cualquier partido y saber que los presos de conciencia o la violencia política son métodos fascistas, aquí y en Cuba.

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