Todos somos Silvia Ibarra en Montevideo

DIEGO FISCHER

Lo vimos todos. La gran mayoría ese mismo día; otras personas, como la Intendenta de Montevideo, Hyara Rodríguez, veinticuatro horas después de que el hecho se difundiera primero por el programa Poder Ciudadano del periodista Miguel Nogueira y luego por todos los canales de televisión del país y también en YouTube.

Me refiero al episodio de los inspectores de tránsito de la Intendencia capitalina, que fue filmado por una docente; cuando en una camioneta de la División Tránsito de la IMM, superaban el límite de velocidad permitido.

Silvia Ibarra se llama la docente que lo registró todo con su celular y que mientras grababa la escena soportó el amedrentamiento -al mejor estilo de los piqueteros porteños- de los inspectores municipales que -tras reivindicar la patente de corso que según ellos les da la condición de funcionario público-, le aplicaron una multa que no correspondía. Todos lo vimos. Todos nos indignamos, hasta la propia intendenta; aunque ella con un día de retraso, según expresó a la prensa. ¿Será por aquello de la burocracia municipal?

Aunque también hubo otras reacciones, como la del secretario general de Adeom, Aníbal Varela que habló de una "estratagema" para desprestigiar a los funcionarios municipales.

¿De verdad alguien cree que se precisa un montaje para desprestigiar a los empleados municipales? Ellos mismos se han encargado de construir la imagen que tienen ante los montevideanos. Muchas veces solos y otras tantas acompañados por sus propios jerarcas.

Los montevideanos nos hemos limitado con infinita paciencia a pagar todo: sus derechos, sus demandas descomunales, sus caprichos y los platos que han roto. A cambio recibimos exabruptos como los que pronunció el inspector que multó a Ibarra: "Nosotros somos la ley y podemos hacer lo que se nos antoje, mientras que no molestemos a nadie".

A mí las palabras de este señor, me hicieron acordar a las de aquel general de la dictadura, Luis Vicente Queirolo que, en pleno apogeo del régimen militar, dijo: "A los vencedores no se les piden cuentas". ¿Por qué me acordé? Porque lo dicho por el inspector esta semana y por Queirolo treinta años atrás revelan lo mismo con distintas palabras: soberbia, intolerancia e impunidad.

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