Políticas públicas

FRANCISCO FAIG

Las decisiones ciudadanas en torno a las elecciones municipales plantean, inevitablemente, el problema de la calidad de las políticas públicas en el país.

Una elección entre partidos y candidatos se decide, por supuesto, sobre la base de las propuestas y de la credibilidad de los distintos elencos en poder llevarlas adelante.

Voto a un partido y a un candidato porque tengo confianza en que cumplirá lo que dice, y porque creo que su plan de gobierno mejorará la calidad de vida de la ciudad o del departamento.

Pero para juzgar sobre la pertinencia y la viabilidad de esas propuestas, los ciudadanos cuentan con herramientas previas de lo que consideran es la mejor política.

Y el problema que tenemos es que los ciudadanos se conforman con poco. Comparada con el desarrollo de los últimos veinte años de Santiago de Chile, de Rosario en Santa Fe, o de Buenos Aires, la arquitectura y la vida urbana de Montevideo han quedado claramente relegadas.

El plan Fénix para la zona Oeste y portuaria, la peatonal en la Ciudad Vieja, la siempre postergada mejora del centro de la ciudad, nunca terminan de concretarse. Los montevideanos se alegran de la concreción de una plaza en Cordón Norte o de una ruta periférica que une las rutas del Oeste con el desarrollo del Este del departamento, y se dan por satisfechos.

En esta visión del montevideano poco exigente, una reforma de los servicios públicos de transporte inacabada y poco evaluada se transforma en un gran proyecto que, lamentablemente, todavía no terminó de implementarse. Se valora positivamente la campaña de la clasificación de residuos con las "bolsas naranjas"; el lamento es que no se pudo implementar bien.

Pues bien: si los montevideanos fueran más exigentes, no se valoraría positivamente una buena intención, sino que se exigiría una mejor política pública concreta en torno a toda lo política de residuos y limpieza de la ciudad que, a ojos vista, es deficitaria.

La lentitud, la desidia y los intereses burocráticos-corporativos se benefician de esa poca exigencia ciudadana, de ese país pegado con alambre, de esa cultura del más o menos, que nunca termina de hacer las cosas bien y que se conforma con poco.

Ser más exigentes con los gobiernos departamentales precisa de espejos en los cuales mirarse. Importa entonces acceder a información que muestre que hay formas exitosas de mejorar resultados de gestión en la región y en el mundo.

Las campañas de educación pública y responsabilidad ciudadana sobre los residuos domiciliarios y la limpieza de la ciudad en Buenos Aires, los carriles exclusivos para bicicletas de París o los avances del gobierno electrónico en Santiago de Chile, por ejemplo, ilustran en ámbitos bien distintos, políticas públicas exitosas que por aquí, son poco conocidas y valoradas. Pero que podrían aplicarse con decisión y redundarían en una mejor calidad de vida para todos.

Sin mayor calidad de políticas públicas no hay "país de primera" posible.

Tengámoslo presente para las municipales.

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