Cuento infantil

MartÍn Aguirre Regules

Uruguay y Chile, ¿son tan iguales? Una lectura de los procesos históricos de ambos países da la sensación de que difícilmente haya realidades más diferentes en el contexto regional. Sin embargo, de un lado y de otro del espectro ideológico uruguayo, la victoria de Sebastián Piñera es señalada como ineludible para analizar el futuro de nuestro país.

Desde lo que podríamos llamar el arco "no frentista" son muchos los analistas que ven en la victoria de Piñera un ejemplo infalible de lo que hay que hacer para sacar a una "izquierda", que parecía invencible, del poder. Así se busca hacer casi propio ese triunfo, y hasta se pretende asimilar su receta de alianzas, como si fuera algo simplemente transplantable a nuestra realidad.

Pero desde el otro lado el infantilismo en el análisis es ya alarmante. Hasta José Mujica, pretendió extraer lecciones generalizantes sobre el resultado chileno, diciendo que es una señal de alerta para la izquierda, de que la "unión progresista" (y con ella parece ser que la victoria eterna) nunca está asegurada. Pero lo de Mujica es sofisticado comparado con lo que han dicho otros. Una columna del ex canciller Gargano sintetiza el canon progresista sobre el tema. Primero que en Chile no hubo verdadera izquierda. Fue un régimen "light", en sintonía con el malvado neoliberalismo impulsado "desde Harvard" (pobre Harvard, Paco Casal y Gargano en contra). O sea que como no se dio preeminencia al Estado, como se preocuparon demasiado por la "gestión" y el balance económico, eso terminó minando el entusiasmo del pueblo (mucho mejor la hiperinflación y el desabastecimiento, como en Venezuela). Segundo, que con la victoria de Piñera se imponen las clases altas, que van a "ensanchar la brecha entre ricos y pobres" y comienza un ciclo de restauración derechista que puede frustrar "la primera gran oportunidad histórica en 200 años de independencia". Así nomás.

Parece increíble que en pleno año 2010 haya gente convencida que toda la bondad del mundo se encuentra en una punta del espectro político, y que todo lo demás, es malo, odioso, repugnante. ¿Alguien entra en política para ensanchar la brecha entre ricos y pobres? ¿Cómo piensa ganar otra elección con ese antecedente?

La otra cosa que choca es que parece que importa más apegarse al manual ideológico, que mejorar el nivel de vida de la gente. Los 20 años de gobierno de la concertación fueron exitosos por donde se los vea. Chile no será el cielo en la tierra pero redujo la pobreza a la mitad, se insertó en el mundo, y se convirtió en una de las economías más pujantes de América. ¿Porqué perdió entonces?

Porque en esta época los países civilizados progresan en base a una dialéctica de cambio entre políticas más liberales de creación de riqueza, y otras más socialistas de distribución, y eso va variando según las circunstancias que atraviesa cada país. Es casi de cuento infantil creer que un partido tiene la fórmula mágica para resolver los problemas de un país para siempre.

Lo otro es el detalle del candidato. La "doctrina heladera" del filósofo Sendic Jr. cada vez funciona menos, y el mejor gobierno del mundo, si pone un candidato que no sintoniza con las expectativas de la gente en ese momento histórico, va a perder como en la guerra.

Y eso sí, que es algo de lo que varios en Uruguay deberían tomar buena nota.

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