Entre Guatemala y EE.UU. está el tren del infierno

Los emigrantes ilegales recorren en él más de 5.000 km

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EL PAÍS DE MADRID

Lo llaman la Bestia y en él se suben miles de emigrantes centroamericanos, que clandestinamente atraviesan México en el ferrocarril de carga y llegan a EE.UU. Asaltantes, secuestradores y policías corruptos convierten la travesía en una de las más peligrosas del mundo.

Dice que se llama Teresa, que tiene 26 años, que es de Honduras, que se dirige a la frontera con Estados Unidos, que venía andando por la vía del tren junto a otros emigrantes cuando dos tipos le salieron al paso, uno de 37 o 38 años y el otro de 25 o 26, que les dijeron que agacharan la cabeza y pusieran sus manos en la nuca, que se adentraran en el monte, que si cooperaban no les iba a pasar nada.

Dice Teresa que a los hombres los registraron y les quitaron el dinero, pero que a ella y a su amiga, las únicas mujeres del grupo, las apartaron y les ordenaron que se bajaran los pantalones, que ellas se los bajaron mientras el revólver del más viejo las iba apuntando a las dos, de una a otra.

El viejo, dice Teresa, era de bigote abundante, ojos grandes y nariz aguileña, el cutis áspero como si hubiera tenido acné o una cicatriz. Del joven sólo recuerda que era flaquito y tenía el pelo liso. "El joven fue el que me violó a mí", dice.

Hay más historias, muchas más. La de un chico de 13 años que confiesa haber matado a un hombre y ahora huye de vagón en vagón. La de un joven que fue violado y que nada más escapar de sus verdugos buscó por las vías del tren el amor de una mujer para intentar olvidar. La de un hombre llamado Donar, que se quedó dormido cuando viajaba junto a otros emigrantes en el techo de uno de esos trenes que van hacia el Norte. Y se cayó. El tren lo reclamó para sí, su tributo de sangre, y le cortó las piernas.

Todas estas vivencias salieron a la luz en Ixtepec, un municipio de 25.000 habitantes que queda al Sur de México; un lugar de paso casi obligado para los miles de emigrantes centroamericanos que cruzan desde Guatemala por el río Suchiate, buscando el tren soñado y temido que los llevará hacia los EE.UU.

La larga travesía, que en línea recta mediría 5.000 kilómetros, se convierte en infinita porque los trenes que van hacia el Norte son de mercancías y zigzaguean por todo el territorio mexicano sin frecuencia ni horarios fijos.

A tenor de las historias que relatan los emigrantes, muy poderosa debe de ser la atracción del paraíso al que creen dirigirse. O muy espantoso el infierno de miseria del que escapan para que sigan caminando.

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