Miremos a Chile

Aquí es usual la descalificación del adversario político, con motes y adjetivaciones. Para la izquierda gobernante, por ejemplo, se denigra, calificándolos de "derecha," a los partidos de oposición, concretamente a los tradicionales. Es algo así como negar la obra social de sus gobiernos, o confundirla con el asistencialismo.

El ejemplo de Chile es elocuente para dejar en evidencia lo burdo de esta costumbre. Quienes seguimos por televisión las alternativas de los recientes comicios vimos festejar el triunfo de Piñera al grito de "viva la derecha". Vargas Llosa en su reciente "Piedra de Toque", al comentar la trascendencia del resultado electoral, habló naturalmente de la victoria "de la oposición de derecha".

El ejemplo convoca además a otras reflexiones. Porque entre la "Coalición para el Cambio" de Piñera, y la "Concertación para la Democracia", que postuló a Frei -o sea, entre la derecha y la izquierda- no había diferencias programáticas sustanciales. Siguiendo con la línea de Vargas Llosa es curioso que mientras Bachelet va a dejar el gobierno con un índice de popularidad récord del 81%, su Concertación perdió las elecciones. Lo cual puede interpretarse como un reconocimiento del pueblo chileno a los esfuerzos, dedicación y honestidad de la Presidente cesante, mientras ese mismo pueblo decidió la alternancia en el gobierno, impronta de una democracia cabal.

Quizá se explique por el desgaste que erosiona a un gobierno de veinte años que comenzó con Aylwin, siguió con Frei, Lagos, y termina ahora con Bachelet. Pero nunca como un castigo, porque al contrario, esa Concertación que dejará el poder, consiguió logros extraordinarios. Pacificó el país, no provocó escándalos revisionistas, reparó a las víctimas de la dictadura, y profundizó la política económica del último Ministro del gobierno de facto, Hernán Büchi, abriendo la economía, generando empleo, reduciendo el índice de pobreza de un 42% a un 13%, fortaleciendo sensiblemente a la clase media, en lugar de ponerle el pie encima como lo hizo Astori aquí con su reforma tributaria; o como lo había hecho el caótico gobierno de Allende que implantando un socialismo a la cubana, generó una inflación monstruosa, un desabastecimiento total, y dejó el camino abierto para que pasara lo que pasó.

Chile tuvo que atravesar por esa siniestra experiencia para generar una cultura política que hoy sobresale en todo el continente. En síntesis, ganó la derecha en Chile, porque se consideraron necesarios algunos cambios: Fue para eso que se formó la coalición de Piñera. Cambios en la educación, en la participación privada en la Corporación Nacional del Cobre, y otros más. Ese programa se fue elaborando durante dos años con grupos de estudiantes provenientes de las mejores universidades del país y del mundo, que trabajaron bajo la dirección de una eminencia como Cristián Larroulet.

Y bien, el ejemplo es un incentivo para que nadie se considere agraviado porque lo califiquen como "de derecha". Es propio de nuestra izquierda ponerle tono de insulto a lo que en el mundo entero no lo es. De la misma manera que se habla ahora despectivamente de "partido rosado" como si de tratara de un proyecto de mega partido que sacrifique la identidad de blancos y colorados, una propuesta que pretenden militantes de los mismos -que han cogobernado mil veces en la historia del país- para constituirse en una opción de poder que pueda enfrentar con éxito a la coalición de las polifacéticas y contradictoriamente ideologizadas izquierdas, pero que electoralmente se aglomeran en un bloque único con el nombre de Frente Amplio. Es inexplicable que no se condene una coalición de gobierno como las hubo entre blancos y colorados, pero en cambio se la desacredite para hacer oposición o para ganar más Intendencias, en lugar de regalarlas.

En síntesis, por lo menos en lo que al Partido Nacional refiere, que lo llamen como quieran. Son blancos y alcanza.

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