Ana Maria Abel
Eleanor Roosevelt presidió la Comisión que redactó la Declaración de las Naciones Unidas de 1948 donde se defendió la "fe en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres". Pero sostenía que había ciertas áreas, como el cuidado de los hijos y el servicio militar, donde se debían tener en cuenta las diferencias de los sexos. Asimismo señaló que el hogar familiar es donde "hombres y mujeres viven como hombres y como mujeres: se complementan unos a otros".
La mujer hace tiempo que "salió" de la casa y compagina con cierto éxito lo hogareño con lo profesional. En las generaciones jóvenes se perciben signos de la progresiva "entrada" en el hogar del varón: todos conocemos maridos y papás que cocinan, cambian pañales (¡claro que son descartables!), acuden al médico con los niños etc. Según Adrián Dall´Asta, director en Argentina de la Fundación Proyecto Padres, "los hombres actuales nos permitimos expresar los sentimientos. Los papás cambiamos a los bebés, les damos de comer y no por eso nos sentimos menos hombres. Al contrario, es algo que nos da placer".
Los tipos humanos básicos son la persona femenina y la masculina, por lo que la complementariedad entre hombre y mujer es parte de la ecología humana. Evidencias científicas en el campo de las neurociencias y la antropología confirman que el amor materno al igual que el instinto paterno, lejos de ser una construcción social se sustentan en la biología, la química y la genética. Louis Lefevbre, biólogo canadiense, descubrió que el cromosoma 19 el gen Peg3 sustenta el instinto materno, lo cual demuestra que no se adquiere culturalmente. Como todo instinto es modelable por el ambiente y la cultura, por lo tanto educable. La ciencia confirma la diferente información genética en los pares de cromosomas XX y XY. Desde las primeras etapas de la vida, las hormonas sexuales específicas de cada sexo envían señales a los genes: su llegada a las neuronas induce la feminización o masculinización del cerebro desde los primeros estadios de vida intrauterina y dejando en el embrión la impronta de varón o de mujer. Si la mujer del siglo XXI quiere ocupar el lugar que en justicia le corresponde no le conviene apropiarse de las características masculinas en contra de su propia originalidad femenina, en nombre de una mal entendida "liberación del dominio del hombre". Así no perderá lo que constituye su riqueza esencial: la capacidad de complementar al hombre y por eso mismo de atraerlo.
En palabras de Blanca Castilla, se trata de asumir el desafío de edificar una sociedad con madre y una familia con padre. Ciertamente, un eslabón fundamental en ese logro, es la contribución activa del varón en el ámbito de lo doméstico y la educación.
Momentos oportunos.
Al finalizar las vacaciones, los chicos están llenos de energía. Es el momento de decirles que los padres esperamos de ellos metas altas -que no es lo mismo que notas altas- y de explicarles que no importa si el año pasado fue bueno o malo: siempre se puede empezar de nuevo.
Diferentes puntos de vista.
En una entrevista de trabajo, la mujer suele restar importancia a su papel y enfatiza el trabajo en equipo. El hombre, por el contrario, presenta mayor confianza en sí mismo y "se vende" mejor al empleador, según confirman los expertos en el tema.