PUERTO PRÍNCIPE | THE NEW YORK TIMES
Casi todas las alas del Hospital San Francisco de Sales están en ruinas. Sin embargo, unos 68 médicos y enfermeras han convertido lo que queda de ese centro de asistencia en un lugar de atención de urgencia, donde se hacen hasta 17 operaciones por día.
Después del colapso del Colegio Marie-Jeanne, los miembros del cuerpo docente y funcionarios concurren todos los días a buscar entre los escombros lo que puedan rescatar que ayude a la reapertura del centro de estudios femenino.
A su vez, una docena de funcionarios murió cuando el terremoto destruyó la Seccional de Policía en el N° 32 de la Calle Delmas. Los que quedaron con vida han completado los turnos y organizado reuniones con vecinos para discutir estrategias que permitan frenar a los saqueadores.
Mientras el mundo corrió para rescatar a los quedaron atrapados bajo los escombros, y provee asistencia a decenas de miles que quedaron sin abrigo, alimentos ni agua, los haitianos también se lanzaron a la tarea de colaborar con el esfuerzo de ayuda, con la finalidad de comenzar lentamente la gigantesca tarea de salir del pozo y continuar la vida.
Débiles esfuerzos fueron visibles en Peguyville, donde líderes comunitarios organizaron campamentos llenos de miles de refugiados que quedaron sin vivienda. La organización incluyó desde la seguridad hasta la quema de la basura.
Los haitianos que viven en Carrefour se han convertido en voluntarios que, junto con misiones adventistas, ayudan a operar los programas de alimentación y las estaciones purificadoras de agua. En la Universidad de Haití, los profesores convocaron a los estudiantes mediante mensajes de texto y los designaron para que oficien de consejeros para atender los traumas de una población en estado de shock.
El terremoto golpeó la Seccional policial de la Calle Delmas justo cuando se registraba el cambio de turno. Los oficiales de la Policía consideran que fue un milagro que la amplia mayoría haya podido escapar antes de que el edificio colapsara.
Después de días de desorden, los funcionarios concurrieron a la Seccional, el sábado último, para dar sepultura a uno de los jefes de turno y a otros once colegas, en una zanja detrás del local. Esa tarde, salieron en motos a buscar nafta para los patrulleros y por la noche, una fuerza reducida salió a recorrer la ciudad.
Dentro de lo que queda del Colegio Marie-Jeanne, la directora estaba abrumada. Sus ojos casi se cerraban por la fatiga, se protegía la nariz con una bandana y caminaba en zapatillas alrededor de la entrada a su colegio, en gran medida, destruido, dirigiendo a los trabajadores a medida que extraían computadoras de entre los escombros, donde también estaban los cuerpos de algunas estudiantes.
"Aquí estoy y sufro en el alma las consecuencias de este terremoto", dijo la directora, Francesca Polycarpe. "Estas chicas estaban a mi cargo. Por eso, estoy tan deprimida. Pero, tengo que rescatar lo que pueda. Tengo que salir por mis propios medios de mi desolación para que, los colegios haitianos tengan un futuro".
Por el momento, la directora Polycarpe dijo que los alimentos, el agua, el refugio y la asistencia médica son más importantes que la matemática y la historia. "Resulta difícil imaginar que el sistema de enseñanza pueda reanudarse este año", comentó.
"Pero, espero que sea lo más pronto posible", agregó. "Necesitamos equipos de expertos en traumas y necesitamos volver a crear un clima académico para nuestros chicos".