CIUDAD DE VATICANO
Los inmigrantes deben ser respetados y nadie, nunca, debe encontrar en la violencia "el camino para resolver las dificultades", menos aún "en nombre de Dios", afirmó ayer el Papa Benedicto XVI al hablar durante el Angelus de los disturbios en Calabria y en Egipto.
El llamamiento papal reforzó ayer las denuncia anticipada el sábado por el secretario de Estado vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, contra las "graves condiciones de trabajo a que son sometidos los inmigrantes".
Esa denuncia, además, fue inmediatamente retomada por los obispos italianos, quienes desde el diario Avvenire, ya venían señalando desde hace días el malestar que se gestaba en la provincia de Reggio Calabria, en el sur de Italia.
Los "dos hechos" que preocupan al Papa son, dijo, "el caso de la condición de los migrantes, que buscan una vida mejor en países que tiene necesidad, por diferentes motivos, de su presencia, y las situaciones conflictivas, en varias partes del mundo, donde los cristianos son objeto de ataques, también violentos".
Los dos llamamientos que Josepf Ratzinger lanzó por sorpresa después de la plegaria dominical en la Plaza San Pedro del Vaticano, son en verdad sólo uno: "Recomenzar del significado de la persona" y aprender a respetar a quien es diferente.
"El inmigrante es un ser humano, diferente por cultura y tradiciones pero igualmente respetable", dijo el Papa y agregó que "la violencia no debe ser jamás para nadie el modo de resolver las dificultades".
"El problema es ante todo humano. Invito a mirar el rostro del otro y a descubrir que tiene un alma, una historia y una vida: es una persona y Dios lo ama como me ama a mí" dijo.
"Es necesario recomenzar desde el significado de la persona. Un inmigrante es un ser humano, diferente por proveniencia, cultura y tradiciones, pero es una persona a respetar y con derechos y deberes, en especial en el ámbito del trabajo, donde es más fácil la tentación a la explotación, pero también en el ámbito de las condiciones concretas de vida", afirmó el Papa
Benedicto XVI también sostuvo que "la fraternidad no se puede establecer mediante una ideología, menos aún por decreto de cualquier poder constituido. Se nos reconoce hermanos a partir de la humilde pero profunda conciencia del ser hijos del único Padre celestial".
"Similares consideraciones", destacó el Pontífice, valen también para "el hombre en su diversidad religiosa" y reclamó a "las instituciones políticas y religiosas" que no ignoren "sus propias responsabilidades". El Papa aludió así a los episodios de violencia registrados en Alto Egipto, escenario de enfrentamientos entre grupos religiosos, durante los cuales, en la noche del 6 de enero, murieron ocho cristianos y un agente de policía musulmán. ANSA