Cuando recién comenzaba la radical protesta de los activistas de Gualeguaychú, cortando el puente San Martín que une la ciudad argentina con Fray Bentos, el embajador Hernán Patiño Mayer sólo expresaba palabras de cautela y hasta de cierta comprensión hacia la postura de sus compatriotas que protestaban por la instalación de la planta Botnia a orillas del río Uruguay.
"Uno trata de ser lo más profesional, pero también es difícil evitar los sentimientos. También en mi país hay una población angustiada, no son activistas políticos ni organizaciones piqueteras. Es una actitud espontánea de una ciudadanía preocupada, temerosa", señalaba Patiño Mayer en una entrevista en marzo de 2006 en el suplemento Domingo de El País. Así veía el inicio del conflicto y, pese a mostrarse preocupado, también sentía optimismo. En ese momento eran cortes aislados, pero faltaban pocos meses para que se decidiera el bloqueo definitivo del tránsito. "Hoy hay todo lo que hace falta para llegar a la solución: diálogo, imaginación y negociación. Estamos trabajando en eso", señaló en la misma entrevista.
Tres años más tarde, las declaraciones del embajador argentino ya tenían un tono más cuestionador. En agosto del año pasado escribió una columna en el diario argentino La Nación en donde hablaba de lo "contraproducente" del corte y hasta de los "daños a los intereses" argentinos que generaba. "El corte de la ruta 136 debe cesar ya, por propio interés y decisión de sus protagonistas", reclamó.
Dos meses más tarde, fustigó públicamente la conducta de los piqueteros que posibilitaron el paso para que hinchas argentinos vean el partido entre Uruguay y Argentina en Montevideo.
Aseguró que esta actitud "perjudica el reclamo en La Haya" y advirtió que hacer esto, pero "no dejar pasar a un familiar para ver a su primo o a un amigo, o un señor que trabaja, o dejar sin trabajo a 200 familias, atenta contra la legitimidad moral del reclamo". En declaraciones a radio 10, sostuvo además que el corte "traspasó la delgada línea que separa lo sublime de lo ridículo". Y dijo que en la ciudad entrerriana "no perciben con claridad el daño espiritual" que se produce "en las relaciones entre los dos pueblos".