Como fruta madura

El corte del puente General San Martín que comunica a Gualeguaychú con Fray Bentos, va a caer solo, por su propio peso, como cae la fruta madura al desprenderse de los árboles. Un editorial de nuestro colega argentino "La Nación" en su edición del 16 de diciembre, es elocuente en señalar que del alboroto de los primeros momentos, los piqueteros han quedado reducidos a un puñado de personas, dando la imagen de "un triste espectro de un grupo fantasmal que se ha arrogado la representación soberana de la ciudadanía argentina".

Es interesante la consecuencia que el editorialista advierte de este lúgubre final -que aún así no deja de ser el coletazo último de un atentado- en cuanto atañe al deterioro en el vecino país, del concepto mismo de nación. Porque lo natural habría sido que esta interrupción violenta por la intimidación y la prepotencia, teniendo en cuenta la jerarquía de los valores en juego, no fuera respaldada por autoridad alguna de la provincia o del Estado nacional con acciones que de alguna manera legitimaran el atropello. Autoridades que en su momento aportaron lo suyo para incitar esa incomprensible anarquía.

O desde otro punto de vista, que se oiga un clamor popular cada vez más fuerte para cesar este recurso, calificado como "tan extemporáneo, como ilegal e inaudito". Lo que comenzó como una represalia contra intereses uruguayos, se destaca en el editorial, ha terminado por comprometer los intereses argentinos. El acostumbramiento a ese desquicio por las rutas y las calles del hermano país, anegando relaciones que por años habían sido privilegiadas por sucesivas generaciones de estadistas de ambos lados del Plata, colmó lo imaginable y despertó la reacción del Cardenal Estanislao Karlic, ex presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, quien involucrando a la Iglesia, señaló que "no hay derecho a decir que por aquí no pasarán".

Y al tiempo que se reducen los sediciosos, aumenta el número de voces que en Gualeguaychú y Entre Ríos protestan por los daños que se causan. Puntualiza el editorial que glosamos, que la acción promovida ante la Corte Internacional de La Haya cuenta con el respaldo general argentino, pese a las dudas que existen en cuanto al resultado final, que, se precisa claramente, "no puede aguardarse, a juzgar por las opiniones precedentes de expertos de organismos internacionales y por la opinión preliminar ya emitida por mayoría de ese tribunal, una decisión que avale la voluntad de "que se vaya Botnia".

La globalización -concluye el artículo- expresa su condición de tal por los medios, pero también por el tránsito de vehículos y personas. Y podría interpretarse como una ironía el indagar si el gobierno argentino tiene idea de la magnitud del precedente que se ha sentado, primero con su aliento y luego con su proverbial desaprensión.

Es importante que desde Argentina llegue este reconocimiento cabal a la realidad tal cual fue, es y seguirá siendo, pero ya por poco tiempo. En la edición del día siguiente de "La Nación", Fernando Laborda, bajo el título de "El verdadero progresismo", denuncia que el compromiso con la calidad institucional que asumió Cristina Fernández de Kirchner al llegar a la Presidencia, quedó en el olvido. Así se lo reprochó el enviado de Obama, Arturo Valenzuela, en su reciente visita a Buenos Aires.

Es que en los medios empresariales se destaca hace tiempo con insistencia, que la seguridad jurídica y las reglas de juego para cualquier negocio, están supeditadas a las necesidades políticas del Poder Ejecutivo, o -peor todavía- a la construcción del esquema de poder del oficialismo. Ello afecta, a empresas extranjeras sometidas a presiones directas e indirectas de este gobierno kirchnerista, utilizando vías reglamentaristas o congelamientos tarifarios.

También el Poder Judicial protesta porque no se cumplen las órdenes de los Magistrados. La instigación primero y la tolerancia después a los piqueteros, son sólo una perla más de un largo collar.

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