Un drama de David Harrower abre la temporada 2011 del Solís

Removedor. Levón y Jimena Pérez serán dirigidos por Margarita Musto

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El Teatro Solís inaugurará su temporada 2011 el jueves 6 de enero a las 21 horas con "Blackbird", una obra del dramaturgo David Harrower que reunirá en la Sala Zavala Muniz a Levón y Jimena Pérez, bajo la dirección de Margarita Musto.

Este título seguramente va a difundir en Uruguay la literatura del escritor escocés David Harrower (Edimburgo, 1966) quien, trata en esta obra un tema urticante en la sociedad occidental de hoy: el abuso de menores y el vínculo emocional que perdura entre víctimas y victimarios. El espectáculo irá los jueves, viernes y sábados a las 21.30 horas y domingos a las 20 horas hasta el 20 de febrero. Las entradas están en venta en Red UTS y valen $ 300, aunque las funciones de los jueves salen $ 150.

Harrower ha sido asociado con "In your face", uno de los movimientos artísticos de mayor impacto en Inglaterra en la década del `90, que busca con sus creaciones confrontar al espectador, interpelarlo, a través de la cruda exposición de las situaciones. Su obra Blackbird narra el reencuentro entre una joven llamada Una y Ray, un hombre maduro, quienes mantuvieron una relación cuando ella tenía doce años. Confrontándolos al pasado, la obra muestra la complejidad del vínculo que los estigmatizó.

"No me fío cuando intentan hacer dramas sobre sucesos de la vida real. Pero recuerdo que esa historia me llamó la atención y empecé a hacerme preguntas. Me venía una imagen a la cabeza: un hombre y una niña parados mirando el mar. No podía sacármela de la cabeza. Fue realmente esa imagen que se convirtió en mi inspiración primaria", comentó el autor.

Lejos de ubicarse como juez de sus personajes, Harrower procuró explorar las áreas grises, los claroscuros de la trama. "La gente sabe que este tipo de relación no debería suceder, y para mí no tiene ningún sentido confirmar lo que la gente cree. Lo que sí me resultaba interesante era dejar a esos dos personajes juntos en un cuarto y que se dijeran lo que quisieran sin que yo los censurara. Y ellos pueden decirse lo que quieran uno a otro porque son las únicas personas que saben exactamente lo que sintieron o lo que querían", agrega el dramaturgo.

A su vez, el autor prefirió hacer este careo de sus personajes cuando ambos ya son adultos, aspecto que de alguna manera les permite enfrentarse en pie de igualdad. Por otra parte, el escritor pisa terreno peligroso, al plantear que la relación entre ambos personajes pudo ser de mutuo consentimiento, si bien reconoce que también ha recibido el apoyo de una parte del público. "Recibí cartas de mujeres agradeciéndome, felicitándome, convencidas que habiendo tenido relaciones siendo técnicamente niñas, sabían exactamente lo que estaban haciendo", relata Harrower.

Más que establecer una condena, el escritor busca presentar la vivencia de Una como una experiencia emocionalmente sísmica, sobre la que edificó buena parte de su vida afectiva posterior. Pero Harrower advierte: "Pienso que la mejor manera de salir de una obra es con algunos misterios intactos, algunas preguntas sin responder. Mi manera de escribir tiene ambigüedad real. Tiene misterios. Pueden ser dos cosas al mismo tiempo, y eso es una cualidad que no me desagrada en absoluto".

También el personaje que interpretará Levón tiene sus bemoles. "No podía demonizarlo o envilecerlo porque es un personaje que yo creé, y no iba a tener la oportunidad de resultar interesante si lo tomaba desde un punto de vista moral. Cuando lo escribí, no tenía idea de qué compasión podía crear hacia este hombre, y quedé muy sorprendido de que realmente surgiera más compasión de la que pensé. Por otro lado, no podemos alejarnos del hecho de que hay gente real mucho peor que él y que busca activamente niños: y nosotros como sociedad tenemos que decidir qué hacemos con esa gente".

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