El síndrome "Maikol"

WASHINGTON BELTRÁN STORACE

La semana pasada, la ciudad de Paysandú se vio sacudida y al borde del estallido por el regreso de "el Maikol", un menor con 58 anotaciones policiales, que este mes cumplirá 18 años. Hacía seis días que estaba en libertad, tras rapiñar a un taxista con un revólver y jugar con él a la "ruleta rusa". El martes 24 "el Maikol", que se movilizaba con un amigo en moto, pretendió arrebatar la cartera a una joven que, en el forcejeo, cayó al pavimento y encontró la muerte instantánea cuando un ómnibus de recorrido urbano la arrolló con la rueda trasera. "El Maikol" y su compinche huyeron y un día después colgaron la cartera en un árbol de la ciudad.

La indignación ganó a los ciudadanos de Paysandú y cuando los delincuentes fueron detenidos cientos de personas se agolparon en el exterior del Juzgado, en reclamo de justicia -incluso por mano propia-. La tensión estalló en la noche con el violento enfrentamiento entre manifestantes y policías.

Lo de "el Maikol" no es un hecho aislado; lamentablemente no se trata de un caso excepcional y, en momento en que el tema de la seguridad ciudadana arrecia y el Poder Ejecutivo se apresta a adoptar medidas para una liberación masiva de presos (unos 2.000), la exigencia de determinadas garantías para la población es fundamental. Porque "el Maikol", cuando cumpla 18 años, será primario para la Justicia uruguaya y su pasado nunca habrá existido.

En pleno siglo XXI, donde el auge de la violencia es tónica de nuestros tiempos, y la edad de imputabilidad sigue anclada en 18 años desde el lejano 1935 (tres cuarto de siglo) cuando se sancionó el Código Penal, el debate sobre qué hacer con los antecedentes delictivos de menores cuando se convierten en mayores, parece absurdo. Muchos de ellos presentan una foja de largos antecedentes por delitos graves, con medidas privativas de libertad que esquivan por el simple procedimiento de fugarse de los Hogares y la generalidad mantiene la misma conducta cuando alcanza la mayoría de edad. Pero para la ley, cuando cometen en este carácter su primer delito, son primarios: por el simple hecho de cumplir los 18 años se borra todo lo que hicieron antes (y se empieza de nuevo a cero).

La crónica policial recoge que prácticamente no hay hecho delictivo -rapiñas, copamientos, arrebatos e incluso homicidios- donde no se detecte la presencia y protagonismo de menores. Que registren 20, 30 o más entradas ("el Maikol" contaba con 58), no es barrera para que tengan otras tantas salidas, muchas de ellas por su sola voluntad y sin necesidad de orden judicial alguna. ¿Cumplen 18 años y desaparece todo? ¿Delinquen apenas llegan a esa edad -supongamos un delito leve, hurto- y los ampara el beneficio de "primarios"? Se está jugando con fuego. La sociedad está cansada, hastiada de ser víctima de los delincuentes. No importa la ciudad, el barrio o la hora, todos están a merced del azote de la violencia y las más de las veces ésta llega con pinta de menores. No es una simple cuestión de calendarios o de fechas, de días más o menos, porque la contracara pueden ser más o menos víctimas e incluso más o menos vidas.

El Partido Nacional -a través de un proyecto del diputado Lacalle Pou- ha hecho punta con este tema desde la legislatura pasada. Pero no ha tenido eco en las mayorías del oficialismo, reacio y necio a la hora de aceptar la existencia de buenas ideas desde la oposición. Pero, por suerte, parece que el panorama está cambiando y se asume con madurez que es un tumor que se instaló en la sociedad para quedarse, si no se lo combate seriamente. El ministro Bonomi ha revisado su posición inicial y está de acuerdo en apoyar esta iniciativa. Bonomi manejó que "capaz que hay que hacer excepciones, capaz que no es mantener todos los antecedentes, sino determinadas cosas a tener en cuenta". Y en el mismo sentido Susana Pereyra, diputada del MPP fue muy precisa al decir que "hay menores y menores (…). El análisis ideológico que uno hacía muchas veces entra en contradicción con la realidad. Hay menores que han cometidos faltas y asesinatos peores que los mayores, y después ¿les borrás los antecedentes y pasan a ser personas distintas?"

A ello se sumó la autorizada opinión del presidente de la Suprema Corte de Justicia, Jorge Chediak, así como las del juez y el fiscal de Menores, Hugo Morales y Gustavo Zubía. Porque lo cierto es que una cosa es que el juez decida la liberación de un "primario" sin el legajo de antecedentes como menor a la vista -que puede incluir rapiña, copamiento, homicidio- y otra muy distinta si los tiene presente y opera como un indicador de su peligrosidad.

Ahí está el caso de "el Maikol". Es una feroz acusación al sistema por el estado de indefensión de sus ciudadanos, que pueden ser tan menores como él.

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