Patricia Kramer se tira al agua con una obra madura e intensa

"Sostén". El flamante segundo disco de la cantante y compositora uruguaya

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ALEXANDER LALUZ

La palabra "sostén", así, sola, mínima, oficiando de título es toda una declaración de principios, una provocación a la interpretación. Y para Patricia Kramer es así, sin vueltas: una forma de tirarse al agua con un disco que la sostiene y contiene.

Es el segundo título de una carrera musical que difícilmente pueda catalogarse como "de solista", "de solista con banda", "de Patricia Kramer en banda". El dilema, sin embargo, no parece preocuparla demasiado (o, quizás, ni siquiera sea un dilema).

Es un nuevo paso después de Un par de intentos (edición independiente), ahora en un sello grande (Bizarro), donde su firma mantiene la identidad, gana en convicción, seguridad, pero dejando el protagonismo que se espera en un solista para fundirse, en la composición y la interpretación, en el trabajo con la banda.

Eso es Sostén: "un disco mucho más liberado, definitivamente", dice Patricia. "No es que lo haya hecho conscientemente, pero lo sé, lo escucho. Lo sentía y lo sabía cuando estaba haciendo las canciones". Eran palabras, sonidos, arreglos, juegos tímbricos, elecciones en la forma de cantar, que antes -insiste- no se hubieran materializado.

"Ahora hay menos cosas a las que le digo no, y de pique". Lo declara y lo reafirma con gesto de pleno convencimiento. "Soy menos prejuiciosa conmigo misma. Un par de intentos fue como la tipa que no está segura de lo que está haciendo. En el medio me pasaron muchas cosas, en lo personal, en lo musical, y también pasaron los años. Ahora estoy parada con más seguridad en la vida... quizás sabiendo menos pero más segura".

En esa historia ubicada "en el medio", dice bien, pasaron muchas cosas. Pasaron varios proyectos compartidos (Ana Prada, Samantha Navarro, entre otros), el avance en los estudios de química, la fascinación por el sonido y sus tecnologías, rodar canciones por escenarios. Y siempre, componer.

"Nunca me sentí como con un camino muy delineado en la música. Entonces, en algún lugar las cosas van sucediendo". No es azar, no es un juego errático, tampoco esa opción cómoda de esperar a que las cosas pasen por sí solas. Es, tal como ella lo describe, una forma de ir rompiendo las inhibiciones, perder el temor a quedar expuesta, a tirarse al agua.

Por todo eso simplemente Sostén: un título que, más allá del juego gráfico con la prenda íntima femenina, deja abierto el trabajo de la interpretación: "de alguna forma, viene como a sostener también `un voy para allá`…no significa necesariamente que va a haber un tercer, cuarto o quinto disco. Significa que hay algo en mí que se sostiene. Sostén es porque se afirma un paso. Sí, una sola palabra esconde mucho, y dice mucho".

A la compactera. Se saca el sobre de cartón, que dice en letras bien claras: Sostén, más abajo, Patricia Kramer, y arriba, ella, con los pelos revueltos, colgada de la cuerda para secar la ropa, a centímetros de su sostén negro.

Paso siguiente, el disco a la compactera y la recorrida por el librillo: una suerte de diario gráfico (con fotos intervenidas con dibujos de la propia Patricia) de una jornada de juegos con Sebastián Pereira (el baterista de la banda), Roberto Heredia (el bajista) y Mariana Vázquez (guitarrista, acordeonista y también cantante). No se privaron de nada, y, por lo visto, se divirtieron tanto como en el estudio de grabación.

Y el disco gira: "comienza el juego / todos a correr" (La valle, primera pista). Efectivamente, Kramer se tiró al agua y sin temor a parecer pop de estribillo pegadizo, directo ("es los pies tocándose en la cama /es mirarte y que esté mirándome"), pero en un tono muscular que se mantiene a lo largo de los otras canciones. Suena grande, fornido, aunque son realmente pocos (pero bien pensados), elementos sonoros: su voz potente, de carácter, las texturas acústicas, con arreglos que hacen gala de lo indispensable, sin perder el sueño por si suena a rock, a "balada de cantautor", a pop... o a lo que sea.

"Bueno, fuerte suena todo hoy por hoy. En el proceso de producción no fue un tema de volumen, sino de trabajar cada sonidito del disco con polenta". Y ella, con la experiencia acumulada en el procesamiento y registro del sonido, le dio su toque personal. Pero no estuvo sola: la mano del señor Oscar Pessano fue clave. "Es que no me dio una mano... me dio las dos. Una de las cosas geniales que tiene Oscar es que conoce profundamente cada proceso del sonido, entonces el uso de las herramientas se modifica mucho". Y bueno es aclararlo: el trabajo tiene la virtud de no dejar en evidencia todas las herramientas, programas, programitas y computadoras por las que pasaron cada una de las canciones. En otras palabras: suena a música y no a tecnología aplicada a la música.

Y sigue girando Sostén: La vida puede ser, Periscopio, Quizás, Rocas en la carne... hasta Lo fácil. La descripción de Patricia es acertada: es un disco que lleva la firma de una solista cantante, una solista guitarrista, una solista compositora, pero es también una solista en banda: suena poderosamente a un cuarteto en el que cada instrumento es una partícula de un organismo mayor. Ellos "son de verdad importantes. Quizás las canciones sin ellos serían las mismas, pero en la obra total del disco son definitorios. Hay cosas que suceden con esta banda porque son ellos, Seba, Roberto, Mariana. Ya los tengo incorporados cuando comienzo a componer".

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