Vida, tabaco y ley

Leonardo Guzmán

Cómo no alegrarse de que salió del Sanatorio? Uno fue desde El Día a acompañarlo a la puerta de Acción, sobre Camacuá, cuando marchó preso por los militares; y, liberado semanas más tarde, lo recibió uno a revivir los tiempos en que su tío César cruzaba al Café Montevideo y le compraba libros en Oliveras.

Desde el 71 como candidato, el 73 al perpetrarse el golpe, el 77 al acompañar mi tribulación, cada reencuentro con Jorge Batlle fue una vuelta a los genes de la Radio Ariel.

Y así hasta hoy, porque en él palpitan, perennes, la libertad y la pasión creadoras. Hombre de la calle, fue Presidente legalista e infatigable. Independiente hasta de sí mismo, su estilo protagonizará siempre el Derecho y la economía de una ciudadanía que es pueblo que piensa y no rebaño que bala.

Otro tema.

Suena desafinado esto de que dos sucesivos gobernantes se cuestionen por las prevenciones antitabaco en las cajillas.

Más aun: es absurdo discutir en público las alternativas para evitar un pleito internacional caro de pronóstico incierto. El Estado es una persona jurídica colectiva. Y porque es persona, debe resolver dándoles espacio a sus timoneles. Igual que a los Directores y gerentes se lo dan las empresas. Igual que a nuestra conciencia debemos darle espacio las personas naturales. Está rematadamente mal, pues, agitar banderas unilaterales para limitarle al decisor Mujica la libertad de gestión y meterle palos en la rueda.

Tampoco es saludable que tras el intercambio entre el Presidente Mujica y el ex Vázquez, nos detengamos en la real o supuesta alineación de los sub-sectores, repitiendo en torno al tabaco la desgracia nacional de convertir cada tema en puja por imagen y poder político.

Mejor que eso, reparemos: ahora trasciende que un fundamento por el cual podría perderse el litigio es que la lucha contra el tabaquismo y la discriminación al fumador se dispusieron por decreto y no por ley, en un país cuya Constitución respira por el art. 10: "Ningún habitante de la República será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe".

¡Vaya novedad! Que era un error no legislar -tan luego teniendo mayoría parlamentaria- se dijo y repitió en todos los tonos. Pero tozudamente siguió prefiriéndose el decreto a la ley, igual que se sigue prefiriendo incrustar avisos de mal gusto, que buscan meter miedo a los riesgos reales del cigarro en vez de inspirar amor por la naturaleza, el aire puro y la salud, de modo de prevenirnos por afirmativa, sentando principios sanos que duran mucho más que las guerras dialécticas.

Y conste: no agranda la dimensión del planteo la repetida invocación al tamaño financiero del adversario capitalista internacional.

Nuestro Derecho se construyó sobre el cimiento que implantaron los Maestros que nos enseñaron: "Ustedes bajan del ómnibus y hacen valer sus razones aunque el otro vaya en Mercedes Benz."

Es que el asunto para el Derecho en el Uruguay -UPM incluida- no es admirar ni asustarse por el poderío ajeno.

Es afirmar la razón y empujar el espíritu hasta sus últimas consecuencias, con la independencia noble de los muchos que no viven de contragolpe.

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