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RODOLFO SIENRA ROOSEN
Que entre iguales la unión hace la fuerza, no es una frase hecha: es una ley natural. Los uruguayos lo sabemos, y nos queremos entre nosotros mucho más de lo que algunos creen. La celeste lo demostró. Ojalá que todos los días y para siempre pudiéramos ver al país cubierto de banderas nacionales.
Desde que fuimos Estado y no provincia, constituimos una comunidad espiritual, un país y así fuimos protagonistas de nuestra historia. Se demostró con el respaldo unánime a un gobierno uruguayo que se plantó en sus trece ante el argentino que quiso desconocer nuestra soberanía. Y lo volvió a demostrar con el rechazo también generalizado a las concesiones de "buena fe" de un Presidente que en ese aspecto, resbaló.
Pero el país está políticamente dividido por la mitad en dos bloques que nuclean diversos sectores, corrientes de opinión y partidos. No es una división social, ni económica, ni cultural, ni generacional. Es política.
Tiene, sí, alguna radicación en lo ideológico, que aunque parcial, no es menor. Uno de esos bloques lo integran quienes ven en el Estado de Derecho un valor supremo como garantía de una sociedad cuyo propósito es la realización plena del individuo con todos sus derechos.
En el otro, en cambio, alterna una fuerte presencia de "solidaridades exteriores" (así las llamó el Dr. Enrique Beltrán en el reportaje que glosamos el domingo pasado) con ideologías que conciben al hombre apenas como un instrumento para fines que implican supeditarlo en todos los aspectos de su vida a la autoridad central del Estado, gobernado por un partido único.
Por ello, cuando se ponen el ropaje democrático, el Parlamento deja de ser tal, y allí se vota al unísono lo que ordena un solo centro de poder.
Habrá que ver hasta dónde los discursos de Mujica pueden modificar el énfasis estatista y liberticida implícito y explícito en parte de la coalición de gobierno.
Este servidor tiene sus serias dudas.
Pero ocurre que ese bloque -hoy gobernante- al llamado electoral, responde unido, funciona como una coalición, mientras que el otro se dispersa.
Admitiendo que el pronóstico es relativo pues la realidad política es dinámica, si las cosas siguen así, tendríamos Frente Amplio para rato.
Por eso, la lógica política actual, impone la concertación interpartidaria del bloque opositor integrado por partidos políticos que han sabido en algunos momentos manejar el gobierno en coalición, lo que hace inexplicable que no se puedan coaligar para llegar al gobierno sin perder identidad. La suerte de la oposición no puede depender de caprichos de fuerzas centrífugas que están debilitando a los partidos porque la gente, espontáneamente, sale a dar su apoyo de acuerdo a las afinidades que siente como quedó demostrado en las elecciones departamentales.
Francisco Faig, en nota donde llama a "concertar para fortalecer a los partidos" (www.concertacionciudadana.org), lo demuestra con toda claridad.
Tiempo para pensar, hay. Lo que no queda es mucho margen para decidir.










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