Sebastián Da Silva
Se terminó el mundial y de a poco vamos retomando nuestras rutinas. El sistema político esta culminando de trazar el nuevo mapa del poder nacional. Asumieron los intendentes, los alcaldes, los ediles y de a poco se culmina con la participación de la oposición en los organismos públicos. Descodificando esto y conociendo de muy de adentro la lógica partidaria, es que podemos aseverar que la próxima campaña electoral está a punto de empezar.
Que nadie piense en actos, y manifestaciones, pero es claro que las estrategias personales, sectoriales y partidarias no caen de la parra 10 meses antes del 2014. Todos en menor o en mayor medida comenzamos a trabajar para renovar el vale con la ciudadanía, y está bien que así sea.
Los blancos estamos en falta con nosotros mismos, a más de un año de las internas, y pasado todo el proceso electoral anterior, no hay ni siquiera un atisbo de encontrar un espacio para reflexionar sobre las causas de nuestro desempeño electoral.
El utópico sacramento de la unidad por sobre cada una de las acciones del partido, pareciera que impide una sana reflexión, que para que sea buena y positiva no deber terminar culpando a hombres y nombres, todo lo contrario.
La masa crítica del Partido son los más de 3.000 hombres y mujeres que actúan en su representación, tanto como convencionales, como por legisladores, como Intendentes, como jerarcas o como asistentes de estos últimos. Juntos conformamos el estado de opinión nacionalista.
La que forma el pensamiento, lo ejecuta y lo comunica a la ciudadanía. Desde el más alejado concejal de Baltasar Brum al más enjundioso Senador, construimos o destruimos las esperanzas, alegrías, broncas y frustraciones de un país que se manifiesta una vez cada 5 años para elegir gobierno.
Por tanto es fundamental que más allá de las legítimas aspiraciones personales, todos tengamos claro las cosas bien hechas y lo que se hizo mal. Sólo así repetiremos los aciertos y descartaremos los errores, y sólo así tendremos la posibilidad de demostrarle al Uruguay lo bien que podemos dirigir los destinos nacionales.
A modo de propuesta, voy a dejar claro lo que más me preocupa: la sociología metropolitana. Descifrar las claves del comportamiento de los compatriotas que viven en nuestras ciudades es lo único que nos puede permitir aspirar al próximo gobierno con reales pretensiones. Cometer el pecado de no mirar hacia adentro de Montevideo, del Canelones urbano o de la franja vecina de San José, es seguir dándole un handicap a la izquierda para que nos vuelva a ganar. No exagero si digo que es en esa franja donde se ven las mayores desigualdades, los mayores bolsones de pobreza, los peores índices de delincuencia, y la peor desintegración familiar. Este es un tema vital para el Partido Nacional, actuar, proponer y contrarrestar la romántica verborragia del Frente, que todo lo habla y nada hace en esta zona no sólo es la carta de triunfo, sino nuestro deber como servidores públicos.
Por tanto menos asadito con cuero y más asfalto queridos blancos si es que queremos volver a gobernar.