Nuestra inserción

Juan MartÍn Posadas

El asunto de la integración regional de nuestro país no es sólo una discusión teórica acerca de nuestro lugar en el mundo sino, sobre todo, cuál ha de ser nuestra compañía, de quiénes somos parte. El tema tiene un aspecto geopolítico y luego un perfil ideológico-galeanico. En este segundo (y popular) registro, América del Sur es el continente joven, hermanado por la explotación, primero colonial y después imperialista yanqui. No voy a negar los perfiles de rapacidad que ostentaron conquistadores y encomenderos, o rubios empresarios, pero la extensa y enriquecida leyenda de los nativos buenos explotados por pérfidos extranjeros es sólo un recurso sentimental para vender libros. Si el lector tiene interés en la desmitificación consulte la biografía de Antenor Patiño (1896-1982), zar del estaño, dueño hasta 1952 de las grandes minas donde dejaron los pulmones y el alma miles de bolivianos, residente habitual de París pero nacido en Oruro y más indígena que Evo Morales.

Tampoco ha de comprarse la leyenda de que los hijos de este continente compartimos algo que fatalmente nos hermana (otro galeanismo en venta los domingos en Tristán Narvaja). Basta recorrer, por ejemplo, Ecuador para ver que, en un mismo país, viven varias naciones, con lengua, religión, dieta y tipo físico diferentes, amén de poca simpatía recíproca.

Disipados los espejismos de la leyenda que da sustento a las invocaciones de hermandad presunta y de integración obligatoria, analicemos cuál es nuestro lugar en el mundo y con quiénes nos unen lazos naturales. En los últimos tiempos ha habido concursos de latinoamericanismo que generaron toda clase de organizaciones y siglas integracionistas. Pero fue más de medio siglo atrás que dos grandes políticos tuvieron la intuición más sólida; Getulio Vargas y Juan Domingo Perón hablaban del ABC: Argentina, Brasil y Chile. Esa región no es un invento, tiene una base real y, sobre todo, tiene futuro. El Uruguay se encuentra geográficamente allí: eso es un hecho. Pero, por razones que no puedo explicitar ahora, allí "calza" (como es evidente que no calza en otras regiones dibujadas e inventadas posteriormente). Otras inserciones que hemos suscrito (que van desde la OEA a la UNASUR) son construcciones jurídicas o ideológicas (y cuando son políticas corresponden a la política de otros a las que somos convocados). Lo que tiene naturalidad es nuestra integración en lo que barruntaban Perón y Vargas: ahí está nuestro lugar.

En esa región -que es el núcleo del poder continental- nosotros tenemos la suerte de encontrarnos en un punto privilegiado: estamos en la puerta de la cuenca platense y en la salida de un fabuloso sistema fluvial que nos conecta con el corazón del continente. En ese espacio geopolítico, a pesar de nuestra pequeñez, podemos ser importantes -sin colgarnos de ningún estribo- en razón de estar en ese cruce fundamental de caminos. Nuestros socios naturales son ese vecindario (que nunca fue concretado jurídica o diplomáticamente, pero es la realidad geopolítica más sólida). Lo demás está bien pero es casi un saludo a la bandera (o un sketch de Gasalla, como lo que se acaba de ver en la UNASUR).

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar