Enorme oportunidad

SEBASTIÁN DA SILVA

En el 2008 quedo demostrado que para ser capitalista no hay que ser ingenuo. La mayor crisis bursátil desde el año 1929 dejó un tendal de perdidas, la caída del tercer mayor banco del mundo y una megaestafa de largometraje protagonizada por el Sr. Maddof.

Hasta el día de hoy seguimos con las secuelas, billones de dólares en rescates, ejecutivos de bancos inescrupulosos que cobraron sus bonos, mientras sus clientes se fundían y una reestructura gigantesca del pulmón económico y financiero de Wall Street, que aún en el 2010, se sigue discutiendo. Aquello de la mano invisible como método de perfección no corre más, dando paso a un clamor por el aumento de los controles oficiales en la economía más abierta y liberal del planeta.

Mientras en Estados Unidos todo el engranaje de ahorro, préstamo y capitalización privada esté en tela de juicio, al otro lado del Atlántico se comienzan a escuchar alaridos de temor por lo que pueda pasar, ya no con las operaciones entre privados, sino por la capacidad de pago de sus obligaciones de países, que en otro tiempo eran la vanguardia del conocimiento y encabezando el poderío económico de la humanidad.

A la nueva tragedia griega, con sus muertos a cuestas, hay que agregar a Irlanda, Portugal y España en la lista de los nominados por las calificadora de riesgos. Los PIGS como se les llama despectivamente en el mundo financiero a estos países, están padeciendo algo parecido a lo que vivimos en el 2002. Aumento del riego país, baja de bonos y acciones, corridas bancarias, posible devaluación y recesión económica, lo que llevado esto a los pesares de la gente de carne y hueso no es más que crisis, desesperación y desempleo.

Comenzó un espiral inevitable, un círculo vicioso que trae aparejadas consecuencias inmediatas nada más y nada menos que en Europa, la otra región más rica y desarrollada del planeta, con perdidas muy difíciles de estimar.

Si tomamos como ejemplo el Plan Baker, que solucionó la crisis de deuda de los países en desarrollo a mediados de los años ochenta, quince países encontraron solución con 47.000 millones de dólares. Ahora solo Grecia pide 115.000 millones de euros y nadie sabe a ciencia cierta si esto le va a alcanzar.

Por tanto aquello de que las crisis abren oportunidades recae por estas latitudes. Si el Uruguay logra mantener su solidez financiera, y económica, puede consolidar su posicionamiento como un buen lugar para invertir. El haber pasado por una crisis comparativamente 300% superior a las de estas horas y haberse recuperado, nos coloca en los manuales, como un país serio, por tanto atractivo para invertir. Si a esto le sumamos que formamos parte de las regiones más ricas en producción de alimentos, tendríamos la esperada oportunidad de pegar el salto cualitativo y terminar para siempre con los indicadores de pobreza y desigualdad.

Solo depende de nosotros.

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