ANTONIO MERCADER
El asesinato a sangre fría de un taxista, el pasado fin de semana, desencadenó una serie de desatinos que no pueden pasarse por alto.
El primero fue la decisión sindical de dejar a pie a los montevideanos en vísperas de un 1º de mayo en donde, como es habitual, no hay servicios de transporte. No sólo pararon los taxis, medida inconducente por donde se la mire, sino que también pararon los ómnibus, un castigo adicional para la población. Después, cinco colegas de la víctima molieron a golpes a un taxista que ejerció su derecho a trabajar pese al paro decretado, y que, a la postre, logró contener a los patoteros empuñando un revólver y disparando al aire. Además, detalle insólito, también los pasajeros fueron golpeados.
El siguiente dislate ocurrió cuando el quinteto agresor fue detenido y, a modo de respuesta, el sindicato del taxi decretó un segundo paro como forma de presionar -sí, de presionar- a la justicia. Otra vez la gente se quedó a pie mientras el abogado de los detenidos denunció "una intención por parte del gobierno de criminalizar todo tipo de protesta de los sectores anticapitalistas", una acusación en donde incluyó al Poder Ejecutivo y al Judicial.
Sí, leyó bien, este hombre de leyes se refirió al gobierno de José Mujica como represor de los "anticapitalistas", como si los poderes públicos debieran hacerse los tontos mientras la gente se machaca a puñetazos y retumban los disparos en las calles de la ciudad. Más bien debió decir represor de los patoteros que atentan contra el derecho de un trabajador resuelto a no acatar un paro. Un derecho que, como es notorio, acaba de ratificar la OIT en su sonado dictamen sobre las ocupaciones.
Para seguir con los disparates antológicos, en el acto del 1º de mayo el presidente del Sindicato de Taxistas recordó desde el estrado que había "cinco compañeros en el juzgado de Bartolomé Mitre por tratar de frenar a la antigua a un carnero de mierda que come con la sangre de un trabajador". He aquí al titular de un gremio que convalida la violencia con el lenguaje propio de un bárbaro.
Uno se pregunta qué quiso decir con eso de actuar "a la antigua". ¿A qué antigüedad se refería? ¿A la del tiempo de la violencia emisaria de la dictadura? ¿A la ley de la selva? ¿A la del ojo por ojo y diente por diente?
A las autoridades y a la central sindical debería inquietarles el insano aroma que exhala todo el asunto, en particular la conducta de los dirigentes de este sindicato. Habría que empezar por revisar su primera medida, la de decretar un paro cuando matan a un taxista, con el erróneo argumento de que es la forma más eficaz de protestar por la falta de seguridad. En otros países, en vez de parar en perjuicio de Juan Pueblo, trabajan una jornada entera a beneficio de la atribulada familia de la víctima mientras exhiben en sus coches carteles que exigen más seguridad y protección para los taxistas. Y algo similar podría hacer el sistema de transporte colectivo en vez de suspender sus servicios.
En otras palabras, deberían actuar de manera más civilizada, democrática y respetuosa del gobierno, del Poder Judicial y de la ley. Y no "a la antigua".
Mantenga y vigile el nivel de debate y recuerde que nuestras Normas de Participación implican obligaciones y responsabilidades.