MARÍA JULIA POU
El próximo domingo 9 de mayo los ciudadanos de los distintos departamentos del país elegiremos a nuestros intendentes municipales y alcaldes barriales. Es una instancia democrática más dentro del proceso -largo por demás - de renovación o no de autoridades que periódicamente estamos llamados a cumplir los uruguayos.
En esta oportunidad se trata de elegir a quien deberá -o debería- ocuparse, en primer lugar, de tareas estrictamente municipales a saber: mantener la limpieza, la iluminación, el orden en el tránsito, organizar el transporte, más allá del cobro de impuestos y tributos que son los que le proporcionan el dinero para hacer posible el cumplimiento de sus deberes.
El acto del voto, el más importante que realizamos en nuestra calidad de ciudadanos, se ejerce en el doble nivel de gobierno nacional y departamental. En la etapa que tenemos por delante, el razonamiento que debe de llevarse a cabo es mucho más acotado a cosas concretas como las señaladas.
La elección de Presidente y del Parlamento implica tener en cuenta temas de complejidad y trascendencia. Pensamos en la política exterior del país, en la conducción de la administración, las grandes líneas económicas, la confección del presupuesto, la política fiscal, entre otras. Allí pesan y es razonable que así sea, los aspectos filosóficos, la adhesión a ideas trascendentes acerca de la patria, de nuestra visión del mundo y de la vida.
Lo municipal aparece como más simple y lo es. Trata de la calidad de vida en lo inmediato y cercano. Apreciamos las bondades y defectos del gobierno local apenas abrimos la puerta de nuestra casa. Nada hay más fácil de medir que una buena o mala administración municipal.
En cuanto al poder de hacer, es bueno recordar que los intendentes tienen garantizada la mayoría en las respectivas Juntas Departamentales, aunque ganen por un voto. Es decir que no hay excusas para no hacer, no hay mayorías que conseguir ni coaliciones para construir. Desde el primer día se concentra el poder en el vencedor. Así ha ocurrido en Montevideo desde 1989. Piense el lector en cuántos años tenía, hace veinte… Hecha la operación mental, recuerde que durante similar período el Frente Amplio ha estado gobernando Montevideo. ¡Veinte años! Veinte años con todo el poder, veinte años recaudando un millón de dólares por día para que la ciudad esté como está. Como experiencia debería ser más que suficiente; alcanza y sobra.
Cierta parte del electorado montevideano votará en función de adhesiones ideológicas fuertes y sin tener en cuenta la experiencia gubernativa. Pero quienes queremos simplemente vivir en una ciudad mejor, quienes pretendemos que de lo que pagamos nos devuelvan una parte mayor en inversiones y servicios, quienes no queremos ser ahogados en basura, quienes nos resistimos a pagar impuestos y contribuciones más caras que las ciudades del primer mundo viviendo en una ciudad que no mejora de acuerdo al nivel de gasto, sabemos que es hay que renovar el elenco. Decirle basta a esta administración frentista. Y la opción del cambio es el Partido Nacional.
Mantenga y vigile el nivel de debate y recuerde que nuestras Normas de Participación implican obligaciones y responsabilidades.